¿LOS PASAJES AÉREOS ESTÁN A LA BAJA?
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Francamente no entiendo cómo es eso de la aviación comercial – y estatal – de Colombia. Avianca ya es Avianca-Taca, o sea, ya no es de propietarios colombianos. Conserva por estrategia y romanticismo de su gerente el antiguo nombre pero ya el capital que se forma de todas las operaciones se va derechito al bolsillo de Efromovich. Se replica el incómodo mito de Midas.
Eso no tendría nada de extraño dadas las facilidades que están dando los últimos dos gobiernos a la democratización para los “inversionistas” extranjeros. Porque nuestros empresarios caleños y antioqueños y caldenses y bogotanos se cansaron de invertir. Tal vez les cobran muchos impuestos y no los tratan como a los brasileños. Por eso se murieron Aerocóndor, Aces y Aerorepública con nuestra bandera, se volvió Compañía Panameña.
Los empleados sufrieron el trauma de la baja de sus sueldos y los clientes viajeros estamos sufriendo el alza de los pasajes, cada día más caros. Pero esa tampoco es la queja. El dueño del negocio hace uso de la libertad de oferta y demanda como lo exigió Adam Smith hace unos cuantos años. Y ante eso no hay pataleo que valga.
Los periódicos han hecho eco de las superganancias de las líneas aéreas y el aumento de las cifras de pasajeros transportados. Y lo dicen también la sobreventa en los counters y la cancelación de vuelos. Con sol y falta de lluvia amanecieron los aeropuertos cerrados por mal tiempo, dijeron los altoparlantes. Después la prensa dijo que eran los controladores aéreos que estaban en “operación tortuga”. Pero a renglón seguido Avianca se apresuró a pedir disculpa porque una sola pista estaba en servicio y le faltaban pilotos con pocas horas de vuelo.
Qué confusión y atafago. Unas veces ponía la cara el Director de la Aerocivil Santiago Castro y otras eran los pasajeros que se quejaban de que su vuelo había sido cancelado.
Se pregunta uno, ¿qué control tiene la aviación, no tan doméstica? ¿Quién puede regañar a un patrón extranjero? ¿Toda la culpa era la de los cansados y mal pagos controladores?
Los pasajes no bajarán a pesar de que el gobierno ordena que aparezca en la factura de venta que ya no se cobrará en tiquetes el cargo de la gasolina que debe pagar cada línea. No se la podrán cobrar al pasajero. El gobierno no pierde un peso. ¿Entonces, decretarán libertad precios para los pasajes aéreos y se autorizará un alza del 20 por ciento? ¿Qué juego es ese con el sufrido usuario que ha subido las cifras de viajantes y de ganancias? ¿Es esa la manera de embolatar a los clientes? ¿Es esa la responsabilidad social de las empresas que deberían retribuir y estimular a quienes llenan sus cupos de venta?
¿Y qué de las tarifas para niños, estudiantes, tercera edad? Se acabó la competencia que hacía Aires que a lo último cobró hasta el derecho de asiento, de valijas, y penalizó cualquier retraso o calamidad comprobada? La receta vieja “lo ancho para el dueño y lo estrecho para el cliente” está en boga. Las aerolíneas sí pueden invocar mal tiempo, que no hay pilotos con horas de vuelo, que llegó retrasado el vuelo de Cartagena. Pero el inocente cliente tendrá que esperar tres, seis o 10 horas y le darán de regalo un plato de lentejas y un mal hotel para tapar la ineficiencia y despistar la rabia.
Coletilla: Se dañó el estímulo que daba Avianca a los pasajeros frecuentes del montón. Subieron por las nubes la cantidad de millas que se requieren para aspirar a premio en las diferentes zonas.
05-03-12 – 7:32 p.m.
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