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Miércoles, 14 de octubre de 2026

Los muertos que nadie quiso contar

Los muertos que nadie quiso contar

Los muertos que nadie quiso contar

Alfonso Luna Geller

Mientras el debate internacional se concentró en la transición política, el codicioso control de los campos petroleros venezolanos y la gobernabilidad posterior, la tragedia humana quedó fuera del foco. La captura de Nicolás Maduro, ejecutada mediante una operación militar estadounidense calificada como “quirúrgica”, dejó al menos 40 muertos y cerca de 90 heridos, según la única investigación periodística que abordó directamente el costo humano del operativo: la del The New York Times.

Fuentes oficiales no se han pronunciado sobre las víctimas. Nadie desde Washington ni desde los gobiernos aliados habló de los muertos, los heridos ni los damnificados. En cambio, el discurso público giró alrededor de la avaricia geopolítica, el petróleo, la “justicia” y la “liberación”. En ese marco, Álvaro Uribe sostuvo que Estados Unidos actuó en “legítima defensa”; Iván Duque calificó la operación como una “intervención humanitaria legítima”; Paloma Valencia afirmó que no hubo agresión contra Venezuela sino contra “un tirano”; y Vicky Dávila cuestionó que se hablara de violación al derecho internacional. Ninguno mencionó a las víctimas.

De acuerdo con un alto funcionario venezolano citado por el The New York Times, los ataques se concentraron en instalaciones militares, pero también afectaron propiedades civiles. Entre los fallecidos habría civiles y militares, la mayoría jóvenes menores de 25 años, integrantes del Batallón de Seguridad Presidencial N.º 6, alumnos que aún no se habían graduado de la Academia Militar. También murieron miembros del Escuadrón Bravo del mismo batallón, del Batallón de Custodia N.º 3, de la Comandancia General de la Milicia Bolivariana, del Aeropuerto Caracas, del Grupo Misilístico de Defensa Aérea Almirante José María García y de la Estación de Radar de Altos de Irapa.

Uno de los hechos más graves ocurrió en Catia La Mar, una zona popular al oeste del aeropuerto. Un bombardeo alcanzó un edificio residencial de tres pisos. Allí murió Rosa González, una civil de 80 años, y otra persona quedó en estado crítico. El ataque dejó viviendas inhabitables, departamentos abiertos por las explosiones y pertenencias personales expuestas entre los escombros. Vecinos reportaron la pérdida total de sus hogares y bienes, en medio de la conmoción, la incertidumbre y el enojo.

Tras la captura de Maduro, el presidente Donald Trump aseguró que no hubo bajas estadounidenses, aunque admitió heridos entre sus tropas. De las víctimas venezolanas no dijo una palabra.

 

 

📝 Nota final

Me acaban de informar: La confirmación del The New York Times de que el número de muertos asciende ya a 80 personas transforma lo ocurrido en Caracas en una verdadera masacre. El silencio oficial frente a esta tragedia humana resulta tan grave como la operación misma: mientras se habla de geopolítica, petróleo y transición, las víctimas —civiles y militares, jóvenes y adultos— quedan invisibilizadas. La historia no puede escribirse solo desde la óptica del poder; debe registrar también el costo humano de las decisiones que se toman en nombre de la democracia. Recordar a los muertos es un deber ético y periodístico, porque sin memoria no hay justicia, y sin justicia no hay libertad.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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