Los mercaderes de la fe


La fe electoral de la extrema derecha
“Por sus frutos los conoceréis”: Mateo 7:16

En tiempos de elecciones, pareciera que la fe se vuelve un instrumento político.
De pronto, vemos a los mismos que antes guardaban silencio frente al dolor ajeno, citar versículos bíblicos, levantar las manos, cerrar sus ojos en los templos y, hablar de “valores de familia” y de «amor por el prójimo».
Pero no todo lo que se dice en nombre de Dios nace del corazón.
Hay quienes confunden la fe con estrategia.
No buscan almas, sino votos.
Y tampoco están solos: los acompañan -algunos «líderes religiosos» que han hecho de su púlpito una tribuna política.
Ambos se necesitan: el político busca votos y el pastor busca reconocimiento y poder.
Así se encuentran, cada cuatro años, en un escenario donde la palabra divina se usa como herramienta de campaña.
Existen además episodios que hacen más difícil vivir el perdón y la comprensión.
Según denuncias públicas, mientras fue ministro de Salud se le atribuye a Alejandro Gaviria, en un caso recordado por la sociedad, la negación de un tratamiento a una joven que, antes de morir, expresó que responsabilizaba a las autoridades por su situación.
Esa memoria doliente, pesa hoy en la escena política: es el mismo Alejandro Gaviria, exministro de salud para ese entonces, quien hoy aspira al Congreso avalado por un grupo «político cristiano» quien, en su momento, se opuso a un tratamiento médico que le pudo salvar la vida a esta jovencita.
Su nombre era Camila Abuabara y luchó por mucho tiempo para que el sistema de salud colombiano le autorizara y financiara una operación de trasplante de médula en un hospital de Estados Unidos, dado que sufría de leucemia linfoblástica aguda y aunque el MD Anderson de Cáncer de Houston autorizó la intervención, Alejandro Gaviria intervino, apeló y evitó que Camila saliera del país por los altos costos que podría generar este tratamiento.
El argumento de Gaviria fue que: «había que cuidar los recursos de la salud» o sea los recursos de la EPS SURA.
Alejandro Gaviria ganó y Camila murió.
Ese es el Gaviria que posiblemente va a ser cabeza de lista de ese grupo político «cristiano».
Y qué decir de otro candidato apoyado igualmente por grupos cristianos que dijo que: «había que destripar a la izquierda» (sacar las tripas según la RAE).
¿Acaso con esa frase no está amenazando de muerte al contrario?
¿Acaso hay alguien que haya vivido después que le hayan «sacado las tripas» como amenaza el candidato?
Pero allí está él, apoyado por algunos grupos «cristianos»
Hay otra candidata que dijo que «ser de izquierda debería ser ilegal»
¿Como? ¿Acaso lo ilegal no se combate y se aniquila?
Algunos políticos recurren a ciertos templos porque conocen la fragilidad humana, también —hay que decirlo— la ambición de algunos pastores que dejaron que el brillo del dinero les nublara la vista y les abultara sus bolsillos, porque ese asunto de declarar impuestos sobre sus negocios que son muchos, no es con ellos.
Allí se sella el pacto: el político promete defender “la vida” “la familia” «socorrer al desvalido» sus privilegios tributarios -lo más importante- y el pastor le entrega el eco político a su comunidad «esté es el escogido» dicen.
Lo mismo dijo un «apóstol» que en la anterior elección participó como candidato presidencial: «Dios me «eligió » para ser el próximo presidente de Colombia» ¡mentiroso! el «profeta, sólo obtuvo el 1% de la votación y allí siguen las ovejas después de semejante fiasco, -se equivocó el «profeta» lo que dijo no era cierto, allí sigue.
No hay nada de sagrado en esa alianza.
Cuando la fe se usa para dividir, para sembrar miedo o para bendecir la injusticia, deja de ser fe.
Dios no habita en los discursos que exaltan el poder, sino en los actos que alivian el sufrimiento del otro.
Por eso duele ver a quienes un día predicaron la compasión hoy aliarse con los mismos que despojaron a los más pobres, que saquearon la salud o que negaron oportunidades de tratamiento a quienes más lo necesitaban.
Eso no es evangelio, es conveniencia, la conveniencia que hoy han mostrado los senadores «cristianos» al aliarse con los senadores de extrema derecha para hundir las reformas que beneficiaban a los más pobres ¿Amor al prójimo?
La fe que les ha servido para obtener más poder, deja de servir a Dios.
Y aún más doloroso es ver a un pueblo noble, lleno de esperanza, siguiendo ciegamente a quienes usan su creencia como escalera.
La fe auténtica no se impone ni se negocia; se vive con humildad, con justicia y con amor.
Porque el verdadero mensaje cristiano no está en la foto del político dentro del templo, sino en la voz del que tiende la mano al necesitado.
Si olvidamos eso, corremos el riesgo de convertirnos, como dice la Escritura, en ciegos guiados por otros ciegos que sólo ven al dios dinero y al dios poder.
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