Los medios y lo público


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Para analizar el papel de los medios de comunicación en relación con lo público tratamos no sólo la función de los medios en su carácter informativo sino también la de la opinión pública y su impacto en la sociedad, sus límites y alcances.
Hay que partir por reconocer que la misión de los medios debe estar centrada en la defensa del interés público. A la opinión pública como expresión de la sociedad civil le corresponde actuar como mecanismo de control social y ese control está encaminado a impedir que lo público se desdibuje o resquebraje. Ejercer permanentemente una veeduría que significa que quienes se quieran desviar de lo público se encuentren presionados a enderezar sus caminos. Criticar e impedir los desmanes de quienes detentan el poder pero también de otros actores sociales que se ven comprometidos en acciones que lastiman el sentimiento comunitario.
Quienes tienen la facultad de hacer verdadera opinión pública están dotados de un sentido especial que esto se traduce en un don de predecir los sucesos del futuro. Por ello Maquiavelo en su obra “El Príncipe”, anota que “(…) La opinión pública profetiza de una manera tan maravillosa y acertada lo que va a suceder, que parece como si lo previera, gracias a una virtud oculta”. Sin embargo, pensamos, que como hay tanto terco en las instancias de poder, les quieren ayudar y se ponen bravos.
El verdadero periodista es aquel que es pertenencia de la comunidad y no se convierte en vocero de algunos personajes políticos, gremios económicos, partidos o movimientos sociales o religiosos para enaltecerlos inmerecidamente. El verdadero periodista no le camina a intereses mezquinos. A los personajes públicos hay que valorarlos en sus justas proporciones y no caer en la adulación. Los aduladores sólo se buscan a sí mismos y les importa un comino el interés público; a no pocos les encanta que les adulen, sólo quieren oír lo que sus tiernos oídos quieren escuchar.
El citado filósofo advierte sobre la inconveniencia de la adulación; permitirla es una falta de prudencia, de tacto fino y juicioso. “No hay otro medio para preservarte del peligro de la adulación, que hacer comprender a los sujetos que te rodean que no te ofenden cuando te dicen la verdad”.
Si se trata de la defensa de lo público en los medios de comunicación, a los personajes públicos con el mismo ímpetu con que se les critica sus acciones malas, hay que hacerlo cuando se trate de las buenas. La imparcialidad en los juicios debe ser un imperativo categórico. Si no existe imparcialidad no hay verdad y si no hay verdad la sociedad termina engañada o manipulada. Un ‘periodista’ vendido o regalado sobrepone el interés privado al interés público.
Hace varios años escribimos sobre el sentido del periodismo y entre otras cosas señalamos: “La práctica del periodismo verdadero produce satisfacciones en un sentido espiritual, sensación que nunca se siente compensada con dinero, porque es algo que se lleva el en corazón y no en el bolsillo”. “Al respecto, el veterano y desaparecido periodista norteamericano, William Allen White, manifiesta que el periodista que escoge la senda recta dentro de sus actividades, de seguro encontrará muchas satisfacciones en el camino, ya que según él, no se trata de regodear, comer y beber, viviendo y muriendo como cínico, sino que de lo que se trata es de respetarse a sí mismo…” “En nuestra civilización-escribe Allen White- nadie va a morirse de inanición. Pero se puede sufrir hambre y andar andrajoso, y se puede marchar agotado y con los pies hinchados por la senda estrecha, y la satisfacción deberá provenir del respeto a uno mismo”.
El interés público es sagrado y los medios y columnistas deben observar la ética del respeto a la comunidad. Los directores de los periódicos en una errónea interpretación de la libertad de prensa no debieran seguir publicitando opiniones o comentarios que falten a la verdad, sin que con ello se piense que se pretenda la censura.
En una época tan convulsionada como la nuestra, de lo que se requiere es de un periodismo investigativo, crítico, serio, responsable, comprometido con la verdad y con el interés público. En la democratización de una sociedad es mucho lo que pueden aportar los medios de comunicación.



