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Viernes, 2 de octubre de 2026
lunes 30 septiembre, 2013 a las 8:41 pm

Los jueves de Giovanni Quessep

geovanni quesepps
Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

Auspiciadas por el área cultural del Banco de la República y orientadas por el poeta Giovanni Quessep, los jueves de cada semana, a las diez a.m., tienen lugar en Popayán las más fascinantes exposiciones literarias que puedan darse: charla, conferencia, discurso, parlamento o como queramos llamar este discurrir entre exploratorio y analítico, ahora dedicado a exaltar la memoria del escritor praguense Franz Kafka.

Estas disertaciones a veces relampagueantes, otras sutiles o incisivas, no dejan expectativa con cabeza. Kafka, desvalido habitante del absurdo, se abre paso de la mano del conferencista para confundirse con los espectadores. En ese momento es uno de los suyos, cordial y despojado de misterio. Como si fuera el tejedor de un tapiz que vuela sobre países desconocidos, la voz del poeta, gotea y descubre; incursiona fugazmente en otras comarcas, concita levitaciones y fugacidades armónicamente dispuestas en torno a la figura del autor de una Metamorfosis que se multiplicará hasta que el ser humano termine de crecer.

A pesar de tocar temas diversos, todo se confabula para ocupar el sitio que le corresponde. El milagro de la memoria reconstruye; el conocimiento de fechas, personajes y lugares, hace de las suyas. Es la literatura despojada de miriñaques atemorizantes, el poderío de la palabra adulta, el ingreso al sentir que despabiló a Steiner.

La poesía –y creo que en todo texto literario bien logrado está presente en forma tácita o explícita- es un navío inabordable. Por eso seguirá cuando el mundo no esté. Todos intentan definirla sin lograrlo. Bécquer le pintó de azul los ojos y el venezolano Dionisio Aymará se consumió temprano en su “pávida luz” pero, más allá de persecuciones y acechanzas, respira intacta y libre.

Tener la oportunidad de seguir a Quessep cuando se desplaza en un silencio solo interrumpido por sus propias palabras, es una suerte. No se trata solo de erudición o sensibilidad. El tercer ojo que le plantaron cuando se hizo su luz, le permite horadar la sombra como los búhos o los gatos.

Al margen de su exquisita calidad poética, es un conocedor confiable de los vericuetos, llanuras, trampas y deslumbramientos de la faena literaria y sus autores. Diserta acerca de estos asuntos con la seguridad de quien tiene la brújula bien puesta. El Banco de la República sigue sembrando y el público de Popayán debería sentirse afortunado al encontrar sin mayor esfuerzo esta puerta abierta. Por eso los jueves de Giovanni Quessep son campos propicios para acceder a lo más viejo del origen y a entender un poco de nuestro desarraigo.

Algún poeta definió a la nostalgia humana como “el aroma de violetas antiguas”. Vale entonces la pena sacudirnos displicencia y modorra para acudir a esta cita balsámica (perdón Aurelio Arturo). Así tal vez logremos encontrar el epicentro que enredado en alguna cabriola remota, espera por nosotros.