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lunes 14 diciembre, 2015 a las 1:02 pm

LOS FAMOSOS PESEBRES DE TRAPO POPAYÁN

Los pesebres de trapo de Popayán 3
Marco Antonio
MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Los primeros “belenes” o “nacimientos” del Niño Dios que trajeron los conquistadores españoles al mundo americano llegaron a Quito y Popayán, donde se asentaron las familias ilustradas, católicas y pudientes de la época. La palabra “pesebre” es nueva, y conocida ya en el mundo como un colombianismo que ha ganado terreno en el vocabulario español.

Los pesebres que llegaron eran de porcelana italiana y española. Al principio, eran la representación de la Sagrada Familia, luego se les añadió los tres reyes magos, pero sin duda el toque mágico lo dio San Francisco de Asís, que incluyó el burro y el buey, entre otros animales para decorar “el belén”. Acto tan espontáneo lo convirtió con el tiempo en el santo de los animalistas. A veces, ocurrencias sencillas, se convierten en la respuesta a grandes necesidades: el hombre debe crear conciencia de respetar la vida de los animales.

En Quito, imagineros y talladores de santos de madera, hicieron pesebres tan bellos, que muy pronto fueron llevados a Santafé de Bogotá, Popayán, Cartagena y otras partes del mundo. Y a las costumbres navideñas con villancicos, novenas, misas, plato de Noche Buena Patojo, se incluyó el uso del pesebre en el hogar y las iglesias.

Dicen que la necesidad pone a funcionar la imaginación, y de la imaginación pueden salir milagros. Fue así como algunas mujeres de Palmira y Popayán, comenzaron a confeccionar muñecos para el pesebre hechos con retazos que dejaban sastres y costureras, y que se vendían a bajo precio para familias de clase popular. Pero que hoy en día, cuando se valora el trabajo artesanal, esos pesebres de trapo tienen su precio, y no son fáciles de conseguir.

Los pesebres de trapo de Popayán 3
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Eran muñecos hechos con telas sobrantes, medias de seda rasgadas o viejas, pedazos de alambre, restos de hilo, y rostros pintados con tizones y achiote, que pronto se pusieron de moda. Primero en Popayán y luego en todo el sur del continente. Muñecos que hoy son joyas familiares, para exhibición de coleccionistas que deben cuidar mucho, pues la tela es efímera a diferencia de la porcelana, la arcilla o el vidrio.

Las costureras de Popayán del siglo XIX y hasta muy avanzado el siglo XX se volvieron famosas. Y como a los imagineros quiteños, a las popayanejas se les encargaban pesebres de trapo de todos los rincones del país. Incluso para llevarse a Europa como el regalo más exótico de nuestro continente. Y lo que comenzó como un pasatiempo de las señoras de la casa, se volvió industria cultural, y lo que era una actividad previa de las navidades, se convirtió en un trabajo para todo el año.

Los pesebres de trapo de Popayán
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Pero en esta historia hubo un momento máximo. Resulta que al periodista Jaime Paredes Pardo se le ocurrió por los años de 1976 publicar un libro titulado “Los pesebres de trapo de Popayán”. Para ello buscó los trabajos de la señora Emérita Malo. Una mujer humilde, de ancestros campesinos, dedicada con esmero a la artesanía de confeccionar muñecos de trapo al punto que de tanto ejercer el oficio de la aguja y el dedal, se cuenta que encegueció al final de sus días. El libro, de la editorial Arco de Bogotá, de corta edición, con fotografías de Fernando Vanegas y Gustavo Perry, con los textos de Jaime y los muñecos de Emérita, lleva el espíritu y la esencia de amor por la artesanía y la cultura católica. Pero sobre todo, el espíritu de los popayanejos.

Osados y soñadores, don Jaime y sus amigos enviaron el libro a concursar por el premio “El Libro más Bello del Mundo”, a la Feria Internacional del Libro de Leipzig en 1977. Y para sorpresa de doña Emérita Malo, y de todos los colombianos, ganaron.

Los pesebres de trapo de Popayán 2
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Entonces los pesebres de doña Emérita se cotizaron. Y la demanda de pesebres de trapo hechos en Popayán se hizo notable. Y lo que fue un pesebre de pobres, elaborado con sobrantes de tela, se convirtió en un elemento de distinción y clase mundial hecho con telas finas. Un gran aporte de nuestras costureras popayanejas al mundo, historia que rescatamos para agradecer y valorar.

Hoy en día cuando ya tenemos el concepto de industria cultural, cuando entendemos que hacer la diferencia desde nuestras costumbres auténticas nos da un valor adicional, deberíamos volver a los pesebres de trapo de Popayán. ¿Imaginan ustedes la novedad mundial que en todas las casas de los católicos tengamos pesebres de trapo?

Nos llena de orgullo tener varias asociaciones, corporaciones y grupos de amigos dedicados al pesebrismo en nuestra ciudad, quienes realizan exhibiciones para alegría de propios y extraños. Y por eso, con cariño y aprecio, los invito a revivir y a poner de moda los pesebres de trapo entre nosotros para los próximos años, no solo para tener el orgullo de tener entre nosotros “el libro más bello del mundo”, sino los pesebres artesanales más bellos del mundo. Feliz navidad.

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