LOS ESTRAGOS DEL PACTO DEL GOBERNADOR


Todo parece indicar avanzan los acuerdos de la Habana;– así son las sorpresas de la historia,- quien en la década de los años sesenta hubiera tan solo imaginado que sería en la patria de Fidel y de Martí, el escenario en que se acordaría la convivencia con la FARC, por aquel entonces supuestamente auspiciada por el gobierno comunista de Cuba, pensarlo siquiera, hubiese sido suficiente para ser sujeto de las torturas de los regímenes latinoamericanos de la época.
En territorios del Cauca, nacieron y crecieron las FARC, la acción de la guerra causó situaciones de alta incidencia en lo político, económico y social, por lo tanto, esta etapa de las negociaciones debía ser parte de un ejercicio previo para saber cómo perciben los habitantes estos procesos y como actuaran en la etapa del posconflicto.
Si el análisis de organismos internacionales señalan a veintidós municipios como escenarios de violencia, están equivocados, aquí la guerra fue total, razón por la cual se señala de pronto con alguna expectativa, esta será la tierra de la firma de los acuerdos y en ella se iniciarán las actividades de la nueva convivencia.
Iniciados los diálogos, la expectativa de sus desarrollos cubrió el Cauca; el Gobierno Nacional dio la sensación de comprender la situación de la región y no fueron pocos los eventos de sus funcionarios adelantados con tal fin, muchos vimos en el gobernador Temístocles Ortega, la figura con las condiciones para posicionar al departamento en las mesas de discusión de estos asuntos y sobre todo, como vocero de los asuntos fundamentales para la recuperación integral del Cauca.
La ocasión era propicia para adelantar un ejercicio universal con todos los caucanos, sobre los quinientos años de historia, adecuar la institucionalidad a un modelo de pertenencia, recuperando la confianza perdida, con ciudadanos libres, pensantes, independientes, con conocimientos y criterios para hacer del ejercicio ciudadano un instrumento de construcción de vida.
Era el momento de haber materializado el discurso de la caucanidad en medio de la diversidad, para haber esculpido un fuerte pensamiento de región, indispensable para haber dispuesto de la mejor manera a los habitantes para vivir el posconflicto como una etapa de modernidad y de oportunidades.
Fue una lástima que alguien con todas las oportunidades, no las del eslogan, dilapidara de pronto sin un buen análisis y perdiendo la visión de la proyección política, en un momento de arrebato, sacrificara el rumbo; en lugar de haber adelantado un ejercicio amplio y democrático, sucumbiera a los atajos de los acuerdos perversos en donde no interesó lo fundamental de los caucanos, sino la protección de pequeños intereses personales.
Se dilapidó la oportunidad de un gran debate sobre la problemática regional, a no dudarlo se hubiese podido diseñar el rumbo que requiere el Cauca, a partir del posicionamiento de la dignidad del hombre como sujeto de la diversidad y de la diferencia, y sobre este escenario programar el desarrollo social y el crecimiento económico. Difícil que se vuelva a dar otro momento como este.
Se pasó de listo el gobernador y se equivocaron los parlamentarios liberales, los caucanos no comen cuento así por así, razón por la cual, hay un profundo rechazo al candidato de Temístocles, no está el surco abonado para las imposiciones y por ello se agudizan las tensiones de los diversos sectores.
Hay voces que se quejan de la falta de debate y de propuestas,- no se darán -pero será lo de menos, lo de lamentar es el daño que en los arrebatos se le hizo al Cauca, no se trata simplemente de las próximas elecciones, el mensaje para los caucanos es contundente: Aquí no importa la gente, lo que predominan son los intereses de quienes pretenden detentar el poder para sus propios beneficios y punto.



