LOS CALZONES DE TURBAY


-A Cuba, maestro…
Daniel Echavarría.
En el 59 se produjo el primer desvió aéreo del mundo con Turbay Ayala, embajador de Colombia en la ONU, a bordo. Fue sacado de su rumbo por un portorriqueño que lo condujo a La Habana recién liberada. La prensa mundial informó que el comandante de la Sierra Maestra, fue al José Martí, en persona donde atemorizado estaba el diplomático colombiano.
Años después, contaron algunos funcionarios, que Turbay se cagó del susto, al encontrarse de repente en territorio enemigo. Creyendo que lo iban a fusilar por haber atacado sin tregua en sus discursos la revolución. Lo hizo en sus anchos calzones de diplomático, confeccionados en Washington, como dice Neruda en un poema, refiriéndose al venezolano Rómulo Betancourt.
Aquellas personas recordaron la gentileza de Fidel con Turbay, que no tuvo impedimentos en llevarle una muda de ropa limpia. Hoy día es difícil imaginar al “Único prisionero político de Colombia”, como dijo que era en los tiempos de su siniestro Estatuto de Seguridad, maldiciendo su suerte a los cuatro vientos por tener que vestirse con ropa prestada de soldado enemigo.
¿Pero, quién sería el reportero que tomó las gráficas de los apuros de Turbay, en el aeropuerto habanero sin darse cuenta de su valor histórico, por las cuales darían hoy millones. Propongo rebuscar en los cajones y cojones de los diarios y revistas cubanos. Y si es posible en los estudios de Korda, si existen .El fotógrafo que captó la foto del Che, la cual es icono del siglo XX, que se vende todo el tiempo, junto a los afiches y poster de la Mona Lisa.
Con los años se daría un nuevo acercamiento entre el dirigente caribeño y el colombiano, colaborándole para resolver el entuerto de la embajada dominicana tomada por el M-19. Turbay en aquel momento presidente se acordó que en su ropero estaban aún los calzones del desvío de mierda. Y en otro estante lavado y planchado el uniforme prestado.
Sacando ánimos de donde no tenía llamó al comandante a su cuartel isleño. No para decirle que se lo iba a devolver, sino para suplicarle le ayudara a liberarse de la pesadilla sin solución de la toma guerrillera.
Fue entonces cuando el lúcido líder le envió una nave con un ropero completo de uniformes recién confeccionados para toda la tropa insurgente acorralada en Bogotá.




