¿Lógica?


La palabra lógica es desconcertante. Es lógico ser amados por nuestros padres y también lo es que una zancadilla inferida por el mismo amor nos remita de manera fulminante a la sala de cuidados intensivos.
El diccionario la define como “ciencia que estudia las formas y las leyes generales que rigen el pensamiento humano y científico”. Aristóteles fue su nadador más tesonero. Toda ciencia conviviente con el enigma humano, le rinde pleitesía, todo tiempo es su esclavo, todo movimiento su colofón. Su aroma de fina madera y su esdrújulo contoneo, la emparentan con las deidades del Olimpo. Sangre azul corre por sus venas semánticamente ennoblecidas. Única en el arca del alfabeto, su alminar domina las llanuras del espíritu y reconcilia mentiras desaforadas con verdades inabordables. Ni complaciente como la metáfora ni acomodaticia como el epítome, nació para rendir ciudades, dictar leyes, encarnar virtudes. Invade territorios blindados como el de la conciencia. La impotencia humana la parió y la costumbre la nutrió. Prima hermana de la sindéresis, vuela más alto que cualquier análisis y coloniza sin obstáculos el universo conocido.
Pero ¿Qué es la lógica? ¿Brújula u oráculo? ¿Supervive en la reciedumbre de la madera que la nutre o en lo desvalido de la impotencia humana? ¿Son lógicos el amor, la injusticia, el desbalance entre la materia y el espíritu? ¿Lógicas la guerra y la esperanza? ¿Y este silencio que exige y no retribuye? ¿Y el reto de ser sin ser? ¿A semejanza de las mitologías y sus sucedáneas las religiones, surge como paño de lágrimas o mordaza del pensamiento?
Más de una vez me he preguntado por qué la lógica solo tiene aplicación unilateral. Solo lo que percibimos con los ojos y oídos materiales, le compete. El asesinato, el latrocinio, la traición, la crueldad, la ingratitud, la envidia, la megalomanía, etc., etc., etc., no son más que agresiones inferidas a la lógica. Transgresiones a lo impuesto por la costumbre o la circunstancia. Las cárceles revientan con criminales de lesa lógica y la humanidad apuesta su tristeza inmemorial a una ecuación desajustada.
En la otra orilla pregunta el desterrado. Mueve las piedras ancestrales sin obtener respuesta. En virtud del derecho que responde a la lógica aprendida, pregunta por su origen y su final, por la fragilidad de su armazón y la escisión de sus apremios retorcidos entre la biología y el ensueño. Ahí no hay lógica que responda, no existe racionalización que dirima. Naufragan esfuerzos seculares como la filosofía y el arte, contracciones y estiramientos ontológicos, partos telúricos y reconciliaciones abisales.
No existe lógica para el segmento más sensible del ser porque esa criatura encerrada en un marco trisílabo, es producto del desconcierto de un bípedo de barro que solo se reconoce a medias.
¡Oh lógica misericordiosa y cruel que reta sin cesar esta enceguecedora refracción de espejismos! ¿Coherente su ambivalente balanceo, racionales sus ejecutorias fragmentadas? Solo la eternidad podría responder. Lo difícil es escuchar, sin extraviarnos, su voz siempre en vilo en la puerta del laberinto.




