Lo que faltaba

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Registrar a diario errores y acciones que perjudican a Colombia no es lo más grato, pero es una observación crítica de lo que puede pasar si esto se prolonga. Un gobierno a punto de terminar su mandato sigue sin pausa desviando el camino de lo que realmente es correcto. Voy a mencionar solo algunos ejemplos que nos puedan dar la medida de lo que nos está pasando y puede ocurrir en caso de continuar la misma conducta con los mismos perfiles y actitudes. Durante varios meses hemos visto como se fueron deteriorando relaciones internacionales de alto valor estratégico, económico y de servicios. Con Estados Unidos se escaló hasta un punto delicado, con provocaciones periódicas a su presidente y a sus políticas. Solo cuando se realizó la captura de Maduro en Venezuela el presidente Petro tomó conciencia de que podría pasarle algo parecido y entonces buscó suavizar la situación. Llamó a Trump para lograr una invitación, la cual obtuvo y en algo se moderaron las relaciones, que en realidad no han sido óptimas y ni siquiera buenas como deberían ser con nuestro mayor socio comercial, estratégico y político. Es doloroso reconocerlo, pero nuestro presidente no tiene visa permanente para Estados Unidos y está incluido en la lista Clinton que es una dura sanción. También ha permitido que en la frontera con Ecuador se mantengan diversos grupos armados y narcos que desestabilizan esa zona para los dos países. No ha existido una política fuerte para combatir esas organizaciones. Esto ha disgustado profundamente al presidente ecuatoriano, quien luego de muchos llamados a una intervención seria de Colombia en esa frontera, se decidió por sancionarnos con altos aranceles que tuvieron respuesta equivalente en el gobierno colombiano y que han deteriorado las relaciones y disminuido casi en un 70 % el comercio entre los dos países. Siguieron los errores internacionales con las declaraciones imprudentes sobre la situación de Bolivia, donde está ejerciendo un presidente elegido legalmente en votación. Esto significó la expulsión de nuestra embajadora, siendo catalogada como persona no grata en ese país.
En el frente interno a más de la serie de incongruencias y políticas erradas en varios campos, ha continuado con un sistemático ataque a las Cortes y otras instituciones, que en uso de sus facultades y de su independencia han producido fallos y decisiones que no son del agrado del gobierno. Especialmente se han agudizado los ataques contra el Consejo de Estado que ha puesto límites a una serie de decretos y medidas que violan la ley y las normas respectivas en sus trámites y desarrollo. Incluso se ha enunciado por el candidato del Gobierno a la presidencia que, en caso de llegar a la primera magistratura, eliminará el Concejo de Estado. Esto sería el comienzo de un Estado autoritario y totalitario sin límites ni frenos.
Otro organismo que ha sido objeto de agravios y descalificaciones es el Banco de la República por su actuación independiente en la lucha contra la inflación.
Uno de los problemas más álgidos y urgentes de atender por quien sea elegido en la presidencia de Colombia es el inmenso déficit interno, sin regla fiscal y desbordado en los gastos de funcionamiento con un presupuesto desfinanciado. Además, elevada deuda externa y los altos intereses que tendremos que pagar por títulos de tesorería y bonos de diversas especies colocados en el exterior.
Y como si esto fuera poco, por no atender a tiempo reclamos e inquietudes de los indígenas del resguardo de Guambía, se desataron enfrentamientos armados de grupos Nasa del Cric contra los Misak con saldo de muertos y heridos. Una resolución oficial un poco ambigua, también contribuyó por falta de claridad, a enrarecer ese ambiente entre las comunidades indígenas por la tierra.
El próximo gobierno nacional, deberá ser muy distinto al actual, en cuanto a estilo, liderazgo, organización, comunicación y métodos de trabajo. Las cosas no deben continuar como están y esto debe significar la mayor toma de conciencia de todos para que Colombia vuelva a renacer con gran esplendor.
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