Llegó Diciembre. Que se acabe el año, no uno.


Y llegó el mes más alegre del año, con él los preparativos de la navidad y los festejos de fin de año con mucha parranda y animación seguramente para unos y tristeza, nostalgia y malos recuerdos para otros.
Trae consigo un época de mucho ajetreo y consumismo, en donde la gula por la comidas y los excesos en las bebidas embriagantes son un tradicional derrotero a la hora de las celebraciones y despedidas.
El último mes del año es una señal que viene un año nuevo el cual deberíamos recibir con entusiasmo, fe y optimismo para que las cosas mejoren y se nos den tantos sueños y metas.
Atrás quedan afanes, dificultades, problemas, recuerdos, enseñanzas, aprendizajes, tal vez creímos que no todo era bueno, pero de eso también aprendimos, creo que no hay nada más hermoso en el mundo que ser agradecidos con el Dios de la vida, con todo y con todos, hoy no nos queda más que agradecer, por la simple y fundamental bendición de tener vida.
Porque es un milagro, tener una familia y amigos, porque podemos leer, porque tenemos una computadora y si tenemos eso quiere decir que tenemos miles de bendiciones que muchos no tienen, he de decir que hay seres que no son tan afortunados y son felices, nosotros que tenemos tantas cosas materiales y sobre todo espirituales, hemos de dar gracias siempre, de ser felices con todo lo que pase en nuestra vida.
Es muy difícil sustraerse de la alegría que contagia Diciembre, un mes de balances, de compras desbordadas, gustos desenfrenados y arrepentimientos. Lo que no podemos es perder la fe en que siempre hay algo mejor que viene a nosotros, que cuando una puerta se cierra… se abre otra enorme, que somos capaces de ser felices y hacer felices a los demás siempre, sin importar cuanto tengamos o en qué situación nos encontremos.
Lo mejor y más importante sería empezar el año perdonando, amando. La reconciliación consigo mismo, con los demás, pero sobre todo con el creador, es un regalo para el que perdona, te hace libre, deja que las cosas pasen, no desees el mal a nadie, pues cada palabra, sentimiento o deseo que lanzamos se va al universo, un universo que gira y gira y regresa a ti multiplicado, digamos cosas hermosas, no nos atoremos en lo negativo, si te maldicen bendice a ti se te regresara multiplicado y a la otra persona también.
Por ello recordemos que con la llegada de Diciembre, es el año quien se acaba y no nosotros. La vida sigue con su generosidad y dificultades dándonos la oportunidad de servir a los demás, de trazarnos metas y objetivos, de alcanzar logros y éxitos.
Y como diría Guillermo Buitrago “Yo quiero pegar un grito vagamundo… y no me dejan”. No nos preocupemos por ello, peguémoslo, porque Navidad es más que un deseo de amor y prosperidad, salud y felicidad para un feliz año nuevo. Es saber esperar.




