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miércoles 7 agosto, 2013 a las 4:53 pm

LINCOLN, GUERRA, RACISMO

Lincoln

Lincoln

Por Felipe Solarte Nates

En momentos en que en Estados Unidos hay gran debate sobre el racismo y la Ley de ‘defensa propia’, que en estados como La Florida, permite a guardias voluntarios, como el inmigrante de origen peruano George Zimmerman hostigar y disparar contra quienes consideran sospechosos -y más cuando son negros, centroamericanos, o de otras razas, no caucásicas-, el apreciar la película Lincoln, alumbra la epopeya histórica que significó hace siglo y medio, el inicio del desmoronamiento de la esclavitud y el racismo, en medio de la primera guerra moderna, entre sureños esclavistas y ‘yanquis’ del norte abolicionistas.

En el mes de enero de 1865, cuando los ejércitos confederados del sur, al mando del general Lee, estaban al borde de la derrota, se realizaban grandes debates en el Congreso de la Unión, entre defensores de la esclavitud y opositores, a la par que los componedores del partido republicano, al mejor estilo del Senado y Cámara colombianos, promovían acuerdos políticos aceitados bajo cuerda con cargos públicos y prebendas clientelistas a cambio del voto, para lograr las mayorías a favor de la enmienda constitucional que permitiera la libertad de los esclavos.

En el filme, basado en serios estudios históricos, se aprecian conflictos familiares entre Lincoln y su esposa tratando de impedir que su hijo voluntariamente se alistara en las tropas yanquis y entrelazadas mezclan algunas escenas de la crudeza de la guerra.

El tiempo de la película se ubica en el crucial momento vivido entre enero y abril de 1865, cuando el Congreso norteamericano aprueba la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, incluidos los negros, después de los norteños arrasar con el puerto de Wilmington y en sobria ceremonia se rinden las tropas de los estados esclavistas del sur y Lincoln, mientras asistía a una obra de teatro, es asesinado por un actor partidario de los derrotados confederados.

A partir de este momento se marcó la unión y consolidación de los Estados Unidos, como el gran país imperialista, que años más tarde continuó su expansión hacia el sur del continente, despojando a México, de California, Arizona, Nuevo México y gran parte de su territorio, imponiendo gobiernos títeres en varios países centroamericanos y apoderándose de Puerto Rico, hasta llegar a Panamá, apoyando la secesión de Colombia, para construir el canal interoceánico que les permitiera unir por vía marítima el Atlántico al este y el Pacífico al oeste de los Estados Unidos, sin necesidad de navegar hasta La Patagonia, dándole la vuelta al continente americano.

Legalmente hasta el siglo XIX, el sistema esclavista sustentó la economía de una extensa franja del continente que abarcó todo el sur de los Estados Unidos, México, Centroamérica, y toda sur América.

También marcó relaciones muy similares entre amos y esclavos, tal como podemos apreciarlas en películas como “Lo que el Viento se llevó” y en Colombia, en la novela “La María”.

Sin embargo, en los estados del sur norteamericano, el racismo y la discriminación contra las comunidades negras, se mantuvo con fuerza auspiciada por grupos radicales como el tenebroso Klu Klux Klan, agrediendo, violando y asesinando con la complicidad de las autoridades locales. El desmorone de la discriminación contra las comunidades negras, en los sitios de trabajo, los buses, centros educativos y lugares públicos, sólo se hizo realidad, un siglo después de aprobada la ley de abolición de la esclavitud y, en la década de los 60 del siglo XX, como consecuencia de las multitudinarias e incendiarias protestas en las grandes barriadas negras de Chicago, Los Ángeles, Nueva York, Detroit y otras metrópolis y gracias a la presión de movimientos radicales como las “Panteras negras” y pacifistas de resistencia civil y contra la guerra del Vietnam, encabezado por el asesinado Martin Luther King, al estilo Gandhi, con el respaldo de sus compañeros de infortunio: el presidente demócrata John F. Kennedy asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1962, y su hermano Robert, asesinado en Los Ángeles, en 1968, cuando acababa de ser proclamado candidato demócrata a la presidencia.

En Colombia, la Libertad de Esclavos fue proclamada en 1853, durante el gobierno de Hilario López, pero la discriminación, no tan violenta como en USA, se mantuvo durante décadas y sólo en la Constitución de 1991, se reconocieron derechos de las comunidades afrocolombianas a la posesión de los territorios que ancestralmente han habitado en la región pacífica y atlántica de Colombia y hoy amenazados por la acción de poderosos grupos económicos, legales e ilegales.

El asesinato del joven afroamericano en Miami, a manos del guardia voluntario absuelto por un jurado de blancos, ha reabierto la polémica sobre el racismo y más cuando el presidente Obama y el fiscal general de los Estados Unidos, manifestaron que en su juventud habrían podido ser víctimas de la aplicación de la cuestionada ley de ‘defensa propia’, que faculta a un ciudadano blanco o ‘caucásico’, disparar contra un sospechoso, casi siempre, negro, indígena, centro y sur americano o asiático.

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