EL LENGUAJE: MÁQUINA ENDIOSADA Y REBELDE



El ser humano se debate desde su nacimiento por comunicarse entre sí para entenderse y entender a los demás y al Universo. Y muere y el intento quedó sumido en el esfuerzo y la impotencia. Es tan grande el Universo del Lenguaje.
¿Es el Lenguaje un dios o un demonio? Es un mecanismo autónomo compuesto de signos que habitan dentro del cerebro humano y que le pertenece a sus resortes soberanos? ¿O también el lenguaje para existir necesita herramientas que están fuera de su dominio y están allá afuera riéndose y llamándole por medio de los sentidos?
En la Galería Lokkus, nos cuenta inocente Úrsula Ochoa, en El Espectador de hoy, la obra titánica de querer exponer un montaje para explicar el funcionamiento del Lenguaje, con mayúscula. Porque es un señor indomable y complejo. No lo podrá explicar un profesor de lengua castellana en todo un año en clases magistrales. Para empezar, Ochoa nos trae a cuento la frase enigmática de Borges: «Articulé no sin un temblor» para iniciar el trabajo sobre qué es y cómo opera el Lenguaje humano.
Lo dijeron y lo diseñaron Daniela Serna y Daniel Salamanca con la curaduría de Érika Martínez Cuervo para instalar una serie de obras como la ilustración que aparece en el comienzo de esta reseña. Y ahí nos tienen discurriendo y admirando el pequeño universo desde el cual pretenden interesar a los visitantes para ahondar en la «metodología y procesos del pensar y hacer» para que el ser humano pueda entender y explicar lo que entra por sus sentidos.
Sí. Tienen razón el niño y el profesor de balbucir muchas veces cuando se esfuerzan por explicar lo que es un fenómeno o una idea o un artefacto. Pensar cuesta y uno tiembla antes de empezar a explicar, como lo dijo Borges. Agarrar al lenguaje por la mano o por el pescuezo es difícil. ¿Cómo hacer fácil y comprensible una frase, como hablar con propiedad y sin vacilar sobre un tema abstracto? Ah, tarea titánica. Y a veces nos parece que el profesor o el escritor se traba y se complica y duda o se olvida…
Sí, ni Aristóteles, Platón, Saussure, ni Eco o todos los arquitectos del lenguaje y la semiótica han podido poner sobre el yunque a esa realidad, – no palabra -, que es el Lenguaje y moldearlo y ponerlo en exhibición tal cual es…
Oh, Lenguaje, vehículo, carroza, como la de Ovidio en Metamorfosis, que rueda por el firmamento desde la madrugada hasta acabar el día…! Lo vemos rotar, volar, saltar por entre las nubes y ansiamos subir en él en una parada o estación… Lo intentamos cuando hablamos con una amiga o escribimos o pensamos… Pero, siempre sigue rodando e invitándonos a tomar asiento y disfrutarlo… Sigue brillando allá en lontananza, casi al alcance en una mañana como esta o por la noche quieta…
03-10-17 7:35 a.m.
https://www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/el-espacio-del-lenguaje-articulo-716047



