Laura, un feminicidio, un punto más para aumentar la cifra


Laura, un feminicidio, un punto más para aumentar la cifra.

Aura Espinosa.
Abogada, Especialista en Cultura de Paz y DIH
y Magister en DDHH y Cultura de Paz.
Los pasos que debe seguir un funcionario público al conocer un caso de Violencia contra la Mujer, conforman la Ruta Legal. Omitir la activación de tal ruta, desentenderse de la obligación establecida en la Ley 1257 de 2008, constituye para el funcionario no solo violación de la norma, sino menosprecio cabal a los derechos de las mujeres.
El siguiente caso, ilustra perfectamente esta clase de violación de la Ley por omisión.
MARY LUZ habló desde Cali con su hermana LAURA en Guapi, por última vez, alrededor de las 4 de la tarde del 18 de marzo de 2021. La había llamado porque un vecino le informó que la escuchó discutir con su esposo, que el esposo la gritaba demasiado (aunque nadie llamó a la Policía, lo cual nos recuerda el popular prejuicio según el cual, “en pelea de marido y mujer, nadie se mete”). Sin embargo, LAURA le dijo que estaba bien.
Ese mismo día, en otra llamada, esta última le confesó que su esposo le pegaba desde hace un tiempo, y que en ese momento se iba a casa a sacar las cosas porque había decidido dejarlo. MARY le pidió que no fuera, que se esperara hasta cuando ella llegara, pero LAURA insistió porque además su marido le dijo que quería hablar con ella y le prometió que no iba a pasar nada malo.
El 19 de marzo MARY LUZ viajó hacia Guapi, pero antes la llamó de nuevo. Contestó el esposo y le informó que LAURA no quería pasar al teléfono porque estaba enferma. Así que MARY optó por llamar a un vecino para que pasara al teléfono a uno de los hijos de LAURA. El chico le confirmó que “la noche anterior su papá le había dado puños, patadas y le había pegado con un palo a su mamá”, y que en ese momento “la tenía desnuda en la cama, completamente desvanecida”. También le dijo que “en la mañana le compró una botella de agua, un jugo y un tapao” (Guiso de pescado), y que “a gritos, estaba obligándola a comer”.
Mientras tanto, una amiga llegó a la casa de LAURA para ver qué estaba pasando, y la encontró botando espuma por la boca por lo que decidió llevarla a una entidad de salud. Camino a Guapi, MARY LUZ llamó al hospital y allí le informaron que “parecía” un caso de envenenamiento. Poco después se enteró de que ese mismo día en la madrugada, el esposo ya había llevado a LAURA a la entidad de salud, pero allí no solo la devolvieron por estar “borracha” –afirmación del esposo–, sino que además se la entregaron desde las 5 de la mañana a este agresor, omitiendo la activación de la ruta establecida por la Ley para casos de violencia contra la mujer.
En este lejano municipio del Cauca, caracterizado por tener una escasa presencia de la institucionalidad, LAURA murió a las 10:45 de la noche del 19 de marzo, “probablemente producto de una hemorragia interna causada por los golpes que le propinó su esposo”, afirmó MARY.
Hoy, cuando ya el entierro pasó con decenas de personas que desfilaron dando el pésame y el esposo feminicida se asa en una cárcel al ritmo del clima tropical de Guapi, y mientras en el pueblo algunas personas sumidas en el más peligroso y endémico machismo cultural, comentan “que fue culpa de LAURA por haber provocado al marido” en lugar de lanzar sus recriminaciones sobre el verdadero y único culpable, el agresor; MARY LUZ, madre de unos hermosos mellizos de 5 años de edad, una mujer política y guerrera, se enfrenta a un fuerte reto económico y emocional al tener que asumir la responsabilidad de los seis (6) hijos e hijas de entre 1 y 14 años de edad que le sobreviven a LAURA.
Es así como MARY LUZ describió los hechos, recordando siempre a LAURA como la mujer más alegre de su entorno. Al tiempo, se dibuja un punto más para sumar a las cifras estadísticas de feminicidios y violencia contra la mujer en Colombia.
Tras un caso como el anterior, solo queda afirmar que en nuestro país, quienes atienden a mujeres víctimas de violencia basada en género, sueñan con alguna especie de vomitivo que ayude a muchas personas a expulsar de las entrañas esas actitudes ancestrales que les permiten justificar o trivializar este tipo de actos atroces, parte de la cultura patriarcal, machista y violenta que aún, tristemente, predomina.



