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Lunes, 5 de octubre de 2026

Las vías: un viaje a paso lento

Las vías, un viaje a paso lento
Las vías: un viaje a paso lento

Voy frecuentemente a Coconuco, uno de los sitios de mayor potencial turístico y agrícola que tiene el Cauca. En las últimas semanas, veo que las obras de la pavimentación de la vía han disminuido su ritmo. Es la carretera que une a Popayán con Isnos, Pitalito y San Agustín. Tiene un enorme valor estratégico. Llamo a uno de los contratistas y le pregunto:

—Horacio, ¿por qué se están parando las obras de la vía al Huila?

—Se acabó la plata de este año, Juan. Como el contrato está financiado con vigencias futuras de Invías, volveremos a reiniciarlo el año entrante, con presupuesto del 2025.

—¿Y cuánto les falta para terminar el tramo al pueblo de Coconuco? —le pregunto de nuevo.

—Cinco kilómetros. El próximo año terminamos el tramo faltante y seguimos de Paletará hacia adelante —me vuelve a recalcar.

Esa respuesta retrata el drama de la velocidad en la construcción de las vías en este país. Un trayecto de 25 kilómetros, como el que menciono hasta Coconuco, se termina haciendo en cuatro años. Y a este proyecto le va bien si lo comparamos con la ejecución de otras carreteras, por ejemplo, la doble calzada a Santander de Quilichao, que lleva casi diez años desde que se firmó el contrato; el anillo vial del Macizo; o la otra ruta hacia el Huila por Inzá para salir a La Plata, que viven situaciones más complejas. Por eso, construir la infraestructura vial en Colombia es un drama o un viaje a paso lento. Hay que afrontar la incertidumbre jurídica, la de las autorizaciones ambientales, las consultas previas, la mismísima seguridad física y hasta los vaivenes de la política, que obviamente terminan haciendo mella en los tiempos y presupuestos estimados para ejecutar una obra.

Pero eso no solamente aplica para las mega construcciones sino también para los proyectos locales. Por ejemplo, en Popayán, la Avenida de Los Próceres, contratada en nuestra administración hace dos años y que ya debería estar funcionando, se encuentra parada por temas que ahora no voy a analizar, pero que espero se terminen de superar.

Quiero recalcar la idea en el contexto general: es todo un drama lograr la realización de los proyectos después de contratados; esos que con tanta esperanza se han concertado, diseñado, viabilizado y financiado; y que con tanta urgencia se necesitan para impulsar el desarrollo. Además, esto tiene que ver con algo que debe ser siempre nuestra obsesión: ser más competitivos, y uno de los factores que influye poderosamente en eso es el mejoramiento de la infraestructura de una región. Lógicamente, hay otros factores para ser más competitivos, entre ellos mejorar la educación, la salud y el empleo, pero ello corresponde a otro capítulo de análisis.

Ahora, para nadie es un secreto que cuando se abren vías o se mejoran, se están construyendo más oportunidades, y eso es contribuir a construir la paz.

Por eso, y a pesar de las consabidas críticas, hay que reivindicar las recientes obras que en esa materia Popayán hoy disfruta, y que son fruto de varias administraciones. Por ejemplo, la Transversal 9ª, la calle 53, la calle 15N, la calle 25N y todo lo ejecutado por Movilidad Futura en la calle 5ª desde la Esmeralda a la variante sur, la carrera 6ª para salir al puente viejo de Cauca, la vía lenta de la carrera 9ª, el nuevo y antes criticado cruce de Catay, el cruce de Bellavista que acabó con los trancones en la comuna dos, la renovación de pavimentos de la gran mayoría de las calles del centro histórico y la pavimentación de 800 calles en distintos sectores populares, entre otras acciones, le han dado a esta ciudad en los últimos años otra cara. Y hablando de cara, no podemos dejar de mencionar la nueva terminal del aeropuerto, obra del gobierno nacional, que también ha tenido sus dificultades, pero que manda un mensaje a quien aterriza en Popayán: aquí han pasado cosas buenas, ¡que tienen que seguir pasando! ¡Lo deseamos y lo necesitamos!

Posdata: me gusta una campaña de nuestros vecinos caleños, que se llama «Yo Hablo Bien de Cali». Hay que empezar por ahí, menos crítica y más mente positiva.

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