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Viernes, 2 de octubre de 2026

Las tablets de Mintic

Tablets para niños de Miranda
Fabrit Cruz - web
Por: Fabrit Cruz / @FabritCruz

Los paramilitares mataron en la mañana a Luis Felipe Vélez, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida) y en horas de la tarde, a las afueras del lugar de velación, hicieron lo mismo con Héctor Abad Gómez. Ese día no volvió a ser el mismo para los defensores de derechos humanos en la capital de la montaña.

19 años después Héctor Abad Faciolince, escritor y periodista paisa, reconstruye la muerte de su padre Héctor Abad Gómez aquel 25 de agosto de 1987. Y la única manera que encontró de hacer catarsis fue escribiendo una novela que se publicó en el 2006 y la cual denominó ‘El olvido que seremos’.

Esta obra literaria autobiográfica, recoge la violencia de los años 70’ y 80’ que vivió el país. Fue parida a punta de lágrimas y con “el corazón en la mano”. Un bello y paradójico homenaje a través de la escritura. Digo paradójico porque Abad Gómez jamás pudo leerla o al menos el paramilitarismo no se lo permitió.

Hay un fragmento de la novela que narra la visita de Héctor Abad (hijo) al trabajo de su padre en la Universidad de Antioquia. Allí, mientras Abad Gómez adelantaba cátedra universitaria; el infante escritor mataba tiempo ‘machucando’ las teclas de una vieja máquina de escribir, más grande que él, simulando que era un gran redactor. Al mostrar los resultados, el papá hacía una majestuosa algarabía, celebrando la “obra maestra”.

Esa mágica escena me recordó a mi época de Colegio cuando recibí clases de mecanografía, asignatura que ya no existe en la actualidad. Recuerdo que Doris, una mujer robusta que siempre lucía bien presentada, nos vigilaba con mirada inquisidora -por encima de las gafas- para corregir el vicio de escribir mirando el teclado.

Con el pasar de los años y cuando estaba decidido a estudiar Comunicación Social, mi padre me regaló la primera y única máquina de escribir que aún conservo como un tesoro preciado. Es símbolo de la escritura que se produce al ritmo del sonido de las teclas. El mismo que llamó la atención de Héctor Abad (hijo) en su infancia. Símbolo que entregó el periodista Artunduaga al maestro Hernán Peláez como agradecimiento, cuando las directivas de Caracol Radio lo sacaron de la cadena y el creador de ‘La Luciérnaga’ se fue con él, como protesta.

Me he sumergido en estos recuerdos, motivado por una noticia que me hizo pensar en la importancia de la escritura. Esa misma que tuvo el proceso de enseñanza en mi caso a través de la máquina de escribir.

Según un medio europeo, en el Instituto Nacional de Educación de Finlandia ya no se obliga a los estudiantes a aprender a escribir en letra cursiva porque es un “ejercicio innecesario”. En pocas palabras, porque ya estamos dejando el papel y el lápiz para utilizar solo instrumentos digitales a la hora de escribir.

La verdad pensé que se demoraría más tiempo en comenzar a instaurarse esa transición de lo tradicional al mundo digital pero ya es una realidad.

En el caso del Cauca sólo en los dos últimos años el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones entregó 4 mil tabletas a los municipios de Balboa, Sucre, Popayán, Morales, Miranda y Puracé; poblaciones caucanas que se acogieron a una  convocatoria denominada Nativos Digitales, promovida por – MINTIC- y la cual busca promover el conocimiento y uso de las herramientas tecnológicas para el aprendizaje de los niños.

Sin contar con el programa ‘Computadores para Educar’ que tenía como reto entregar más de 24.300 equipos, entre portátiles y PC’s en el departamento para beneficiar a cerca de 294.000 estudiantes y 13.300 maestros de 2.300 sedes educativas.

¿Sería interesante saber qué resultados ha generado esta estrategia en el aprendizaje de los infantes en el departamento?

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