LAS GUERRAS DEL SAGRADO CORAZÓN


Especial para Proclama del Cauca

En cierta ocasión un hombre se le acercó a Jesús y le dijo “Buen hombre…”, a lo cual él le contestó: “¿Por qué me dices buen hombre?; bueno sólo hay uno, el Padre que está en el cielo”.
En otra ocasión salvó a una mujer que iba a ser apedreada por la multitud; él los miró y les dijo: “El que esté libre de pecado, tire la primera piedra.”
Entonces, tengo entendido que el mensaje del Maestro de maestros es: amor, perdón, reconciliación. Nadie acuse a nadie, estén dispuestos al olvido, a la paz, a la reconciliación. Nada mejor para llevar a esta patria a un lugar mejor, en donde los “buenos” y los “malos” no restrinjan más su territorio con trincheras físicas, políticas, ideológicas y equívocamentre “moralistas”, a ultranza.
En un país donde habría lugar para todos, ¿el Sagrado Corazón quiere seguir herido eternamente, sangrando y entre llamas? Vengan entonces las balas, los gritos y las estampidas diarias, toda la fábrica inmisericorde del terror y la desolación.
¡Más de medio siglo de guerra, odio y destrucción! Es patente la desgracia que nos ha tocado vivir a quienes tenemos más de 50 años habitando en este suelo; son lustros donde las flores duelen en los campos y el aire en pueblos y ciudades, pero parece que muchos no quieren entender; se han vacunado contra la paz y la esperanza.
Miren, señores no es como dicen, que el presidente Santos nos va a entregar a las Farc en los puentes del miedo, la amenaza y la bota castro-chavista. ¡Ridículo! ¡Nadie sensato, que no sea malintencionado, creería eso!
Obvio, para llegar a acuerdos se necesitan consideraciones, no claudicaciones ante los alzados en armas, como dice la trompeta de ciertas escafandras y armaduras a diestra y siniestra por ahí. Y el acuerdo debe propiciarse hasta el final en esta coyuntura de los tiempos, cuando la gente de buena voluntad lo reclama desde la más íntima exigencia del anhelo y la cordura.
¿Será que los Uribe-Zuluaga están libres de pecado? ¿Será que pueden mirar el horizonte sin la farsa y el horror de la memoria que acusa, sin esa sombra espantosa que prohíbe toda bendición? Entonces tiren la piedra, sigan con la guerra, pero no con la santa cruz.
Uribe no acabó con la guerrilla en ocho años, pero ahora se quiere perpetuar en el poder, quizá eternamente, bajo la sombra de un conflicto interminable, porque bajo su mando no tendrá fin.
¡Por favor, señores y señoras! ¡Por Dios! Encomendémonos a los santos de la paz, no a los santos de la guerra!



