LAS EMOCIONES EN LA ERA NEOFASCISTA


El desprecio hacia los demás, la ira, el odio, la indignación, son algunas de las emociones que se han masificado y robustecido en esta época de neo y tecnofascismos internacionales. Todas ellas se manifiestan, inicialmente, a través de gestos, insultos, miradas, para luego concretarse en hechos más contundentes que llegan a la violencia física. Son actos que van contra la dignidad, la identidad personal y colectiva del que piensa diferente; avivan las actitudes de ninguneo, el culto al odio, la xenofobia, el clasismo, la homofobia, el nacionalismo, el desprecio y la indignación, ubicadas en redes digitales y con ayuda de la inteligencia artificial, sobre todo, en las campañas electorales.
Entonces, la paranoia alcanza niveles patológicos en una campaña ultraconservadora llena de rabias y repulsiones. Dicha paranoia lleva a solicitar más autoridad, mayor control, más leyes represivas y disciplina. Es la solicitud de orden y ley, de castigos y cárceles, de servilismo y obediencia. De allí el triunfo de las ideologías fascistas de Trump y sus séquitos mundiales. Nación, tradición, raza, antinmigración, fuerza, aniquilamiento y firmeza patriótica, son algunas de sus estandartes. Todo ello encarnado en caudillos mesiánicos que asumen la solicitud de un salvador autoritario que proteja al pueblo de adversarios y peligros.
Es la idolatría del terror, de los horrores. La pantallización de estos ritos asegura un culto a la nomenclatura neofascista.
He aquí un verdadero Leviatán peligroso construido con nuestros miedos y espantos. El pavor germina, crece y se reproduce más que cualquier hecho cotidiano, habita con nosotros, en todos nuestros tiempos y espacios. Son las formas de un fascismo hibridado con los dispositivos del control digital escenográfico, que ponen en el escenario el morbo, lo impactante, lo estridente, lo que divierte y entretiene, de tal manera que sus nefastos resultados no se sientan. Perversa y astuta estrategia de despolitizar, desmemoriar y manipular a través de una performance espectacular y siniestra. El fascismo del siglo XX lo sabía, el neofascismo del XXI lo actualiza.
De modo que, la indignación, la paranoia, la ira, el miedo, la hostilidad, el desprecio, son enriquecidas y alimentadas por una política emocional de conductas que fragmentan el tejido comunitario. Y es eso justamente lo que desean los neofascistas vigentes y activos de nuestra época: fragmentar la cultura y a las instituciones del Estado Social de Derecho; provocar un sentimiento de ingobernabilidad; generar el caos, crear la sensación de peligro y la necesidad de un preceptor de disciplina. Es la supuesta “libertad y orden”. Vaya paradoja. Milei, Bolsonaro, Novoa, Bukele, José Antonio Kast, Álvaro Uribe, Abelardo de la Espriella, son sus alumnos más aventajados en América Latina.
Por ello, contra estas perversidades impulsadas y alimentadas por la ultraderecha fascista, este domingo 21 de junio votaremos por la vida, nos la jugaremos por la vida.
¡No pasarán! Iván Cepeda presidente.
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