LAS CARAS DEL RÍO CALI



El Río Cali tiene muchas caras. Depende el tiempo, del sol, de la lluvia anterior o la sequía, la hora o el sitio desde donde se le mire. Hoy estaba estruendoso y teñido de barro por la lluvia copiosa en la madrugada de hoy. Bajaba imponente de la montaña con paso apresurado y con las botas altas para no tropezar sus dedos con las piedras sumergidas en el caudal.
En mi periplo diario he visto muchas veces al Río con su cara muy cambiada. A veces está risueña, descansada, tranquila y despaciosa. Luce limpia y se regodea como novia mostrando su faz transparente y con veste blanca con alguna flor en su frente. Otras veces baja con la cabeza gacha, su paso a regañadientes porque sus aguas están sucias y sus fauces malolientes. Otras veces está llorando, su nariz está tapada y sus ojos están rojos como si algún ácido le hubiera llegado o cien agujas le hubieran picado los iris a su paso por la vía.
¿Quién se compadecerá del Río? El industrial que le echa desechos tóxicos, el constructor que le arroja basuras y sobras en carretillas, los habitantes piratas que construyen casas muy junto a sus riberas para servirse de sus aguas y de la frescura? Tal vez las autoridades no se dan cuenta de lo que le sucede al Río… El Río es el patrimonio más íntimo, visible y placentero que tiene esta ciudad.
Haya sol, verano, lluvias, esté de día o de noche, haga calor o frío, pasa el niño, la familia, el turista o el mendigo que duerme en las bancas o los indigentes que lavan su ropa allí… El Río permanece y no esconde su cara. A todos mira igual.
Agua pasa por aquí, agua pasa por allá… es el agua que corre, es el agua que canta, es el río que baja montado en su sillar de piedras, es el Río que cuida con su frescor la Ciudad. ¿Quién no querrá a estas aguas, quién no la necesitará? Salta en su lecho alegre, besa la orilla de allá, brinca sobre una rama, alarga su brazo al samán, moja jugando a la acacia, allá da un traspiés en la curva.
Sí, el Río juega por cada calle al uno, dos tres como un militar y salta como un niño en una rayuela. ¿Quién le querrá jugar a tirarse agua limpia a los ojos y beber sin miedo de infección? Allá están los pozos junto al Zoológico y las piedras en donde hace años subía la gente a pasar la tarde en comitiva… después de ponerse el chingue y tirarse desde arriba en clavado, hasta el fondo…
Hoy amaneció amarillo el Río. Anoche lavó su lecho que tenía mugre en el fondo. El agua está manchada de greda, de líquidos de los que no quiere saber su nombre. ¿Quién no querrá nadar en el Río como lo hacía anteayer?
24-09-17 9:43 a.m.



