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Miércoles, 14 de octubre de 2026

Las bodas de Camacho y la astucia de Basilio el pobre

Las bodas de Camacho y la astucia de Basilio el pobre

Imagen: https://gemini.google.com/

(Adaptación)
Segunda parte, capítulo XX de El Quijote

SILVIO AVENDAÑO

En un recodo del camino se encuentran Don Quijote y Sancho. El caballero se despereza y se levanta, mientras Sancho duerme.

Quijote: -Duerme. Sigue durmiendo con sosegado espíritu. No te inquieta la ambición. Además de los límites de la preocupación no van más allá del jumento. (con la lanza Don Quijote lo hace volver en sí)

Sancho: -(Despierta) Si no me engaño siento cierto tufillo (olisquea) de un oloroso asado. Huele a humo y a tomillo. Aroma tan sabroso. Me llega al alma un trozo de chicharrón. Y todo ese olor por la fiesta de la boda de Camacho, el rico.

Quijote: ¡Glotón! Levántate y vamos a ver el desposorio y además, compadecer al pobre Basilio.

Sancho: – ¡Que se conforme! ¿Quién le manda a Basilio ser pobre? A fe mía Señor, que el pobre debe conformarse con lo que hallare. Apuesto a que Quitería no desperdiciara las galas y las joyas que le ofrece el rico Camacho. ¡Bien boba sería!

Quijote: -A todas éstas te aprestas para dar paso a tus deseos porque te faltará tiempo para comer, como cualquier buen tragón.

Sancho: – Si vuestra merced tiene memoria en el capítulo de nuestro acuerdo dice que no me censuraría ni por habladurías ni por deseos.

Quijote: -No me acuerdo. Pero lo mejor es que callemos y escuchemos la música que viene de lejos.

Sancho: (al acercarse a la enramada, los ojos de Sancho se dilatan ante las ollas de comida).

Cocinero: -Comed amigo. Desayunad con lo que quieras. Toma una gallina, un ganso o una espuma.

(De pronto se escucha gran ruido de quienes salen a recibir a la novia y al novio en compañía de sus amigos)

Sancho: – (mirando la novia) A fe mía que no viene vestida de pobre, sino que viene como una princesa.

Quijote: -Ja, ja, ja. Pero no se la puede comparar con Dulcinea.

(Todos hacen corrillo cerca de la novia. Y luego viene Basilio con una corona de funesto ciprés. Vestido de sayo negro, con un bastón. Cansado y sin aliento. Hay suspenso esperando un mal suceso, detrás sus compañeros,)

Basilio: – Bien sabes, desconocida Quiteria, que no debes tomar tal esposo, porque es a mí a quien amas.

Quiteria: – No puede que me suceda tal cosa. ¿Qué haces Basilio?

Basilio: – Tú no puede tomar por esposo a quien no amas.

Quiteria: Yo decido con quien me caso. Y casarme con Camacho es mi deseo.

Basilio: – No esperaste a qué con el tiempo de pobre yo dejara. No me diste tiempo a que mi fortuna cambiara.

Quiteria: – Y, ahora vienes a importunarme Y armas un escándalo.

Basilio: – Quieres hacer de lo mío que sea para otro. Te vas a casar con un rico. ¡Ah desdicha la mía!

Quiteria: – ¡Ah, hora desafortunada! Nunca me imaginé tal cosa.

Basilio: -¡Viva el rico Camacho con la ingrata Quiteria! Muera el pobre Basilio porque no tiene ni cinco, cuya pobreza cortó las alas y lo llevó a la sepultura. (Y diciendo esto, Basilio desenfunda el estoque y se lanzó sobre él. Queda bañado en sangre, tendido en el suelo y a punto de morir)

Voces: – ¡No puede ser! Se hirió. Se va a morir. ¡Qué estocada! (Rodean al Basilio moribundo. Don Quijote acude y lo toma en sus brazos)

Quijote: – Todavía respira, caballeros. No ha muerto (trata de sacar el estoque)

Cura: -No le saque el estoque porque se muere sin confesión. Y no es justo que se vaya en pecado al otro mundo.

Basilio: – (Con voz desmayada, casi sin aliento) Si quieres Quitería dame en este trance la mano de esposa, aún pensaría que mi temeridad no tendría disculpa si te casas conmigo.

Cura: – Atiende la salud de tu alma antes de casarte con Quitería. ¡Pídele perdón a Dios!

Quijote: – El moribundo pide una cosa justa.

Voces: – Pero como se le ocurre.

Basilio: – De ninguna manera. Si Quiteria no me da la mano de esposa no me confieso. ¡Ayayay!

Cura: – El tálamo de Basilio será la sepultura.

Camacho: -(Confuso) Pero como se les ocurre tal cosa. Quiteria se casa conmigo.

Cura: – Decidan. No hay tiempo porque el hombre tiene la vida entre los dientes. Y, ¿qué dice Quiteria?

Quitería: – No sé qué hacer.

Basilio: – (moribundo) Quiteria, amor mío, di que sí.

Cura: – Pronto, mujer, decida. No hay tiempo que perder.

Camacho: -(desconcertado) Ni por nada del mundo. Quien se casa con Quitería soy yo.

Basilio: – Si me caso con Quiteria me confesare y moriré tranquilo.

Voces: – Que se case con Basilio. Al fin y al cabo, no le pasa nada a Quiteria. Y, el desdichado puede morir tranquilo. El muerto al hoyo. Dale la mano a Basilio.

Camacho: – No sé qué hacer. Estoy pensando.

Voces: – Quiteria cásate con Basilio para que pueda morir en paz. Partiendo hacia la otra vida. Te rogamos muchacha. (Quiteria turbada, penosa y puesta de rodillas le da la mano al pobre Basilio,)

Basilio: – ¡Oh Quiteria, te suplico que la mano no sea por cumplimiento! Y que si me tomas por esposo sea algo legítimo (Basilio se desmaya, tuerce los ojos y a punto del último suspiro)

Quiteria: – Ninguna fuerza sea bastante para cambiar mi voluntad. Te doy la mano como legítima esposa.

Basilio: (en los últimos momentos) Si. Turbado y confuso. Mal herido, me entrego a ti por esposo.

Quiteria: Y yo por tu esposa ahora que mis brazos te llevarán a la sepultura.

Sancho: -Para estar tan mal herido el mancebo mucho habla; háganle que se deje de requiebros, pues tiene el alma en los dientes.

Cura: – Quiteria ¿aceptas como esposo a Basilio en la vida y en la muerte?

Quiteria: – Si.

Cura: – Basilio ¿Aceptas a Quiteria como esposa legítima?

Basilio: – Si.

Cura: – Entonces, los declaró bajo la luz del cielo como marido y mujer. (El moribundo, con presta ligereza se levanta y, se saca el estoque que tenía enterrado en el cuerpo)

Todos: -¡Milagro! ¡Milagro!

Basilio: -No, milagro, milagro sino industria, industria

Cura: – Pero no puedo creer (levantando la ropa de Basilio) que deja ver un cañón que lleno de sangre, de tal modo que no se helase.)

Camacho: – Ésta es una burla. No lo permito. Me siento escarnecido (dirigiéndose a Quiteria) Mujer ¿qué te he hecho para que me afrentes así?

Quiteria: – Basilio es mi esposo-

Camacho: -¡Desvergonzada! Juro vengarme. (Camacho y sus seguidores se aprestan al desagravio desenvainando las espadas.  Pero pronto también los seguidores de Basilio sacan sus armas)

Quijote: – (se lanza con su espada y su escudo en medio de los contendientes) ¡Quietos! ¡Quietos señores! Detengan sus armas y la fuerza de sus brazos. No toméis venganza de los agravios que el Amor nos hace. Amor y guerra son la misma cosa. Y así como en la guerra hay ardides en el amor hay tretas. Camacho es rico, y podrá comprar a gusto lo que quiera. Basilio no tiene más que esta oveja. (Amenazando con la lanza) Y, quien intente separar lo que Dios ha unido pasará por la punta de mi lanza. (blande con tanta fuerza la lanza que los ánimos exaltados se calman.)

Camacho: – Si Quitería quiere a Basilio bien casada.  Doy gracias al cielo por habérmela quitado cuando Quiteria no me ama-. Y como muestra de que no me siento burlado quiero que la fiesta siga adelante, con todo lo preparado para la ocasión. (Caballeros y Camacho se marchan.)

Voces: – Que el caballero de barba en pecho se venga con nosotros.

Quitería y Basilio: -Nosotros nos vamos a nuestra aldea pues nosotros somos pobres y virtuosos. (Los seguidores de Basilio caminan a su aldea.)

Sancho: – Se me escúrese el alma, pues de la espléndida comida y fiestas de Camacho, sólo me queda el olor, el aroma de la apetitosa gallina. (acompañando y triste sigue al Quijote y a los partidarios de Basilio.)


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