La violencia del alcohol se acrecienta


La violencia del alcohol se acrecienta.
En muchas instituciones oficiales y privadas, la preocupación por el persistente consumo de bebidas alcohólicas es constante. Diversas encuestas recientes sobre la percepción y el impacto de este consumo, así como las políticas para enfrentar sus daños, revelan que el 95% de la población encuestada está preocupada por la violencia contra la mujer atribuible al alcohol, y un 96% considera el consumo de estas bebidas como un problema para el país. Sin embargo, en nuestra querida Colombia, las carteras de Educación y Salud no han prestado suficiente atención al tema, lo que agrava la preocupación de muchos ciudadanos debido al alto grado de violencia relacionado con el consumo de alcohol.
Es alarmante saber que no existe una política nacional sobre el consumo de bebidas alcohólicas, lo que da la impresión de que esta situación está respaldada por las autoridades gubernamentales. Soy consciente de que esta columna generará discordias y discusiones, así como muchas críticas, ya que la distribución de bebidas alcohólicas genera rentas para los departamentos, supuestamente destinadas a la educación y la salud. Sin embargo, esta práctica comúnmente se limita a reportar el impacto del alcohol en términos de enfermedades, accidentes y suicidios, sin considerar su dimensión en los daños sociales que provoca a terceros, parejas, familias y comunidades. El mayor daño del alcohol se encuentra en su impacto social, sin menospreciar los efectos en la salud de quienes lo consumen en exceso, ya sea de manera regular o en periodos esporádicos pero intensos.
Esta devastación provocada por el alcohol está tan normalizada que no se reconoce como una droga que altera a las personas. Su consumo afecta directamente las funciones físicas y cognitivas, haciendo que los bebedores pierdan el autocontrol y la capacidad de procesar información, lo que incrementa la probabilidad de reacciones desproporcionadas, violencia en discusiones, y la incapacidad de reconocer signos de alarma en situaciones potencialmente peligrosas. Según algunos psicólogos y trabajadores sociales, la violencia en el ámbito familiar se extiende a la comunidad. De acuerdo con la encuesta nacional de victimización y percepción sobre la seguridad pública, el 60% de la población adulta identifica el consumo de alcohol en la calle como la principal conducta antisocial o delictiva en los alrededores de su vivienda. En algunas regiones de Colombia, el 30% de los homicidios dolosos, que enlutan a familias, estuvieron relacionados con el consumo de alcohol por parte del agresor.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que el consumo nocivo de alcohol es el principal factor de riesgo para las muertes de varones de 15 a 49 años. Es fácil seguir aportando datos sobre los impactos del alcohol, pero más importante es centrarnos en las causas que llevan a este consumo y las políticas necesarias para enfrentar esta situación que se agrava cada día en Colombia. Solo nos queda esperar que el Estado asuma un compromiso firme y logre implementar políticas más efectivas para enfrentar el consumo de alcohol y sus daños. Es urgente contar con una política nacional para el control de esta bebida y conocer las campañas que se lancen como red de acción, con la esperanza de no ver más beodos en los parques y lugares turísticos de nuestras ciudades.
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