LA VIDA ES LA MUERTE ESPERANDO SU REENCUENTRO
Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
—La escritora Wislawa Szymborska dijo: «Cuando alguien muere se interrumpe la eternidad».
—Yo no sabía de ella hasta hoy. La vida de las cosas llega siempre tarde, y yo digo: “cuando alguien nace se interrumpe la eternidad”.
—Bueno, por eso existe la confesión: porque hay otros que saben o conocen puertas donde uno no ha tocado.
—Siempre he sido un ignorante voluntario, y ello no me avergüenza. Mi renuncia es una rueda con pocos frenos; así voy limando muchas cosas inútiles, asperezas y sueños imposibles de cumplir.
—Todos somos ignorantes; Borges, por ejemplo, decía que de bicicletas no sabía nada; yo no sé cómo se prende un carro.
—Jajajaja… Cosas intrascendentes… Pero mi ignorancia toca terrenos donde la mirada exige algún cielo y luces de cultura.
—El conocimiento, así sea de cosas pequeñas, es importante. Recuerdo una líneas de Proust donde elogia el «arte de hacer el pan».
—Para el budismo zen cualquier tarea, por humilde que sea, es importante, es un rostro de la budeidad. Y entonces ellos superan, se sitúan más allá de toda discriminatoria.
—Es una lástima que la cultura española nos legó esa odiosa costumbre de poner los oficios en un escalafón.
—Las discriminaciones estimulan el odio, la desigualdad, la incapacidad de evaluar las cosas con mirada serena, imparcial. Toda discriminación es un juicio que ahonda diferencias, y en ello se pierde la visión de la Unidad. Diezmil rostros hacen unidad, pero diezmil voces pregonan diferencias. Se ausenta la razón, o hace su aparición en el momento menos esperado, y entonces uno mira un nuevo mundo.
—Debería ser ella la verdadera «loca de la casa».
—Es la «loca»; anda desazonada, no se da cuenta de las riquezas curativas que posee. Uno es un extraño para sí mismo; recurrimos siempre a los colindantes trucos exteriores; nuestra capacidad de «mirar» adentro no ha nacido.
—»Para nacer he nacido», dijo Neruda. Me he preguntado, qué quiso decir.
—Supongo que cada día era un reto para hacerse nuevo, vital y creativo entre la mortandad del entorno. Las sentencias de los genios, muy personales, interiorizadas, sugieren coordenadas existenciales de profundidad incomunicable.
—Se nace cada día. Somos renaceres.
—Uno se despierta en la mañana… desde la nada. El profundo sueño es pozo sin nombre; al abrir los ojos bautizamos el día.
—El sueño, el dormir, es una muerte temporal; es curioso: tener sueño es el preludio de un estado de plenitud, pero la muerte despierta todos los temores.
—La vida es la muerte esperando su reencuentro.
—Eclesiastés exhorta a realizar en esta vida los sueños, porque nadie ha regresado de la muerte para decirnos qué ocurre allá.
—!Qué ocurre allá!, una pregunta inútil. ¿Por qué no aprender a despedirse de toda expectativa? Esas ansias desmedidas de querer vivir más… es lo que estimula los mitos de toda inmortalidad personal; pero el que sabe mirar ha entendido que eso es mentira. La eternidad no tiene nombre, no tiene sombra, no tiene ego. La eternidad es el no-tiempo, y como tal no contiene algo como yo, tú, él, ella, nosotros o vosotros; allí se acaba el léxico, los pronombres y las cosas no tienen un sitio con su historia y sus vicisitues.
—La muerte no dejará de ser un acontecimiento: con ritos profanos y religiosos que despiden al personaje: «brille para él la luz perpetua».
—Quedan los ilusos, oficiando ritos entre la ignorancia. Pero la muerte nunca habla; cierra la boca, apaga la luz por siempre… Imposible encontrarla en los lugares de la vida. Los sueños la engrandecen, los anhelos la colman de mentiras.
—O mejor, entramos en la luz para siempre.
—Algunos entran en la «luz»; el resto, anónimos desheredados de la eternidad.
—Quién sabe… Bienaventurados los pobres de espíritu, de ellos será la luz.
—Nadie quiere ser pobre de espíritu; se necesita la valentía de la Nada.
—Así es. Siempre me ha inquietado esa frase evangélica. Ve tú a saber qué sentido tiene en arameo o griego. Las tradiciones traicionan.
—Ser pobre de espíritu, ser humilde, no aspirar a nada. Sólo en ese vacío es posible la plenitud que no demanda nada. En cierto modo, economía existencial.
—Lo que hacemos es aproximarnos al sentido original; pero este que propones lo acojo: humildad, plenitud, pureza…
—Pobreza de espíritu, el vacío del tao y del nirvana, la infinita levedad del ser… El sol sólo alumbra donde hay campo despejado; la polución impide el paso de la luz.
Leer más…




