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Martes, 6 de octubre de 2026

La vejez un fenómeno muy humano

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Imagen cortesía de: https://definicion.de/vejez/
La vejez un fenómeno muy humano

La vejez un fenómeno muy humano

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba, porque mi ruta había extraviado. ¡Cuán dura cosa es decir cuál era esta salvaje selva, áspera y fuerte que me vuelve el temor al pensamiento!

La vejez inicia su periplo en el ser humano desde el segundo segundo de la existencia. El primero ya pasó y el sujeto humano lo dejó atrás. Empezó a envejecer el que acaba de nacer. A los doce años deja uno de ser niño y queda atrás esa etapa tan ingenua. Llega la mayoría de edad en la cédula de ciudadanía y ya uno es oficialmente mayor. Al mono y al caballo jamás le contarán las arrugas ni las canas.

La vejez no llega solo por cumplir una edad. Hay otros signos más notorios. Se vuelve uno más lento, va ganando en reflexión y ve que no hay necesidad de correr tanto. Gana uno lo suficiente – y un poco más – para vivir bien. Se hace más reflexivo, acepta más a los demás, se hace más humano. Pero también llega la edad de los caprichos. Ahí comenzó la vejez.

¿A qué edad?. A mitad del camino de la vida, como dijo el Dante en su Divina Comedia, hacia los 50 años. Cuando el ser humano mira hacia atrás y hacia adelante para sopesar los días vividos y hacer el cálculo obligado de los días que podrán venir.

No, qué va! Que 50 años no es nada interpretada por Gardel y Compay Segundo con letra de Le Pera en Volver*. Pero, solo van quedando los recuerdos en una piel que se empieza a endurecer. Es una verdad y una queja para adentro imposible de hacer retroceder.

Implacable la edad va marcando con su dedo en la piel la huella de los años, de las obras y experiencias que nos permitió el ayer. Margarita Rosa de Francisco dice hoy que casi tiene que pedir perdón por estar envejeciendo, marchitándose. Porque uno es un ser social que día a día nos está revalidando la piel y los cabellos. Sí, no es posible volver a edades improductivas ni a escenas y espacios agradables aunque luzca unos bolsillos repletos de billetes…

Al niño todo mundo lo mima y lo apapucha, del joven se predican la inconsciencia y el alboroto y del viejo se pregonan sus achaques, caídas e impertinencias. Pocas veces se alaban su lucidez, sus méritos, su sabiduría intacta. El Dante era más ecuánime: la senda de la vida es salvaje y áspera. Los niños no la han vivido, los jóvenes la pisan con sarcasmo y solo el viejo mira hacia atrás y con orgullo alcanza a ver su huella en la historia.

Este mundo está repartido entre niños, jóvenes y viejos. ¿Quiénes han amasado la historia y pueden decir que han marcado una huella que las verán hasta las futuras estrellas en el firmamento? La vejez, sí, es un fainómenos visible.

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