LA TRADICIÓN DE UN PERIODISMO QUE NO SE COMPRA NI SE SILENCIA


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Proclama responde y defiende su independencia
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Fiscalizar el poder no es retaliación
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La verdad no depende de la pauta
Frente a una publicación que pretende reducir el ejercicio periodístico de Proclama del Pacífico a una supuesta disputa por pauta oficial, nos vemos en la obligación de hacer varias precisiones, por respeto a nuestros lectores, a las audiencias del suroccidente colombiano y a casi cinco décadas de trabajo informativo.
Proclama del Pacífico no vende su línea editorial, no condiciona sus investigaciones a contratos de publicidad y no subordina su deber periodístico al favor de ningún alcalde, gobernador, funcionario, contratista o grupo político. Nuestra red de medios cuenta con distintas formas de financiación, propias de una empresa periodística regional, y ninguna de ellas determina qué se investiga, qué se publica o qué se deja de publicar.
Durante cerca de 50 años, este medio ha ejercido el periodismo desde el territorio, con aciertos, dificultades, riesgos y aprendizajes. Ese trabajo ha sido reconocido por gremios del periodismo nacional, entidades públicas, organizaciones privadas y escenarios académicos e institucionales, mediante premios y distinciones que respaldan una trayectoria construida mucho antes de cualquier coyuntura política o contractual.
Reconocemos, como corresponde a un medio serio, que el periodismo puede cometer errores o publicar informaciones que luego requieren ampliación, precisión o actualización. Si en una publicación reciente sobre la administración pública de Popayán no se incluyeron decisiones judiciales relacionadas con alguno de los hechos mencionados, en estricto cumplimiento de los deberes éticos, nos encontramos investigando y recopilando los fallos proferidos por los tribunales administrativos y el Consejo de Estado para otorgarles la divulgación amplia y precisa que corresponde. Informar con equilibrio es un deber con la audiencia, no una concesión ante la presión de una columna de opinión local.
Rectificar, complementar o actualizar no debilita al periodismo; lo fortalece.

Lo que no aceptamos es que se pretenda deslegitimar una investigación periodística atacando la honra del medio, sembrando sospechas sobre su independencia o insinuando que toda denuncia contra el poder público obedece a retaliaciones económicas. Esa fórmula es vieja, cómoda y peligrosa: cuando no se quiere responder por los hechos, se ataca al mensajero.
Proclama del Pacífico continuará investigando la administración pública en el Cauca, el Valle, Nariño, Chocó y la región del Pacífico colombiano. Lo haremos frente a la corrupción, la contratación irregular, el despilfarro, la opacidad administrativa y cualquier práctica que afecte los recursos destinados a salud, educación, infraestructura, agua, desarrollo rural y bienestar ciudadano. Los intentos de amedrentamiento orquestados por sectores que defienden las irregularidades administrativas no detendrán las publicaciones en curso.
El Cauca ya tiene demasiados dolores: narcotráfico, minería ilegal, secuestro, extorsión, reclutamiento de menores, violencia armada, pobreza y bajos indicadores de desarrollo social. A esa tragedia se suma otra amenaza silenciosa: la corrupción pública, esa delincuencia de escritorio que también destruye territorios, empobrece comunidades y roba oportunidades.
No cederemos ante quienes prefieren atacar al mensajero antes que responder por la gestión de los fondos públicos. La credibilidad de Proclama del Pacífico se sostiene en los hechos, en los documentos y en el mandato inquebrantable de servir a la sociedad caucana con la verdad.
Por eso seguiremos informando. Seguiremos preguntando. Seguiremos verificando. Seguiremos denunciando. Y también corregiremos cuando corresponda. Pero no vamos a renunciar al deber de fiscalizar el poder por cuenta de quienes prefieren lanzar piedras contra el periodismo antes que responderle a la ciudadanía.
La pauta es publicidad.
La verdad es un deber.
Y el derecho ciudadano a saber no se negocia.
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