La tinta no es un arma

Ni el debate debe ser sentencia de muerte

En los últimos días, Proclama del Pacífico ha sido nuevamente blanco de ataques injustificados, estigmatizaciones violentas y amenazas explícitas contra sus periodistas y directivos. Todo esto a raíz de una caricatura publicada por uno de nuestros colaboradores, cuyo contenido ha generado controversia en redes sociales.

Reconocemos que el trabajo del caricaturista Pete, como todo ejercicio de opinión, puede incomodar, provocar o incluso molestar. Pero también afirmamos con claridad que su inspiración no responde a instrucciones editoriales internas, ni representa una postura oficial del medio. La caricatura es una expresión individual, protegida por el derecho constitucional a la libertad de prensa y de expresión y como es característico de este género, busca generar reflexión, crítica y, en ocasiones, confrontación.
El objetivo de la crítica es la idea, no la persona. El humor gráfico, por más crudo que sea, jamás debe ser excusa para desatar amenazas contra la vida de periodistas, acusaciones infundadas de “guerrillerismo” o llamados a la violencia contra quienes ejercemos el periodismo con autonomía y compromiso territorial.
La violencia no puede seguir siendo el lenguaje con el que se “resuelven” las controversias políticas en Colombia. La estigmatización de medios independientes, especialmente en regiones históricamente golpeadas por el conflicto, es una forma de censura que pone en riesgo la democracia y el derecho ciudadano a estar informado.
Proclama del Pacífico rechaza categóricamente estas intimidaciones. Que quede claro: la inspiración del artista es suya, no nuestra. Su trabajo es un reflejo de su mirada personal sobre la realidad, no una instrucción nacida al interior de nuestra sala de redacción.
A nuestros lectores y visitantes, les pedimos comprensión y cordura. Si la caricatura los ha ofendido, los invitamos a debatir las ideas, a escribir, a argumentar, a rechazar el contenido con palabras, no con amenazas. Las palabras pueden lesionar, pero la violencia mata.
Ante la gravedad de los hechos, hemos tomado la decisión de acudir a las autoridades competentes para poner en conocimiento de los presuntos delitos cometidos en estas comunicaciones. La libertad de prensa tiene como límite la seguridad de los periodistas. No daremos un solo paso atrás en nuestra labor, pero tampoco seremos cómplices del silencio ante las amenazas.
El verdadero enemigo no está en una caricatura, sino en la mentalidad que aún cree que las controversias se resuelven a bala. El llamado que hacemos es a la paz, al debate sereno y a la convicción de que solo con la aceptación de la opinión diferente podremos construir la Colombia que todos merecemos.
A quienes nos atacan, les respondemos con palabra firme, no con odio. A quienes nos apoyan, les agradecemos por defender el derecho a disentir. Y a las autoridades competentes, les solicitamos que investiguen los presuntos delitos cometidos en estas comunicaciones, porque la libertad de prensa no puede ser rehén de la intolerancia.
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