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Domingo, 25 de octubre de 2026

La tercería que llegó a representar las víctimas del conflicto y rompió el guion político

La tercería que llegó a representar las víctimas del conflicto y rompió el guion político. Por: Telescopio Político. La jornada del 16 de marzo de 2026 dejó una escena que se venía gestando en silencio. Durante meses, en veredas y...

La tercería que llegó a representar las víctimas del conflicto y rompió el guion político.

Telescopio Político

Por: Telescopio Político.

La jornada del 16 de marzo de 2026 dejó una escena que se venía gestando en silencio. Durante meses, en veredas y corregimientos del norte del Cauca y el Alto Patía, la conversación giró en torno a una pregunta insistente: ¿quién habla hoy en nombre de las víctimas? La respuesta llegó en las urnas, sin estridencias, con una precisión que desarmó las lecturas habituales del poder.

El punto de partida lo había advertido La Silla Vacía en su análisis sobre el municipio de Suárez y su liderazgo nacional. Allí se registraba una inconformidad extendida en un territorio que, pese a contar con la Vicepresidencia de la República y una curul de paz, no encontraba traducción concreta en su vida cotidiana. La distancia entre representación y resultado dejó de ser una percepción. Se convirtió en voto.

Ese voto tomó forma en la elección de Esneyder Gómez Salamanca como representante de la Circunscripción Transitoria Especial de Paz 1 (CITREP 1). Su victoria no se explica por un giro repentino. Responde a un proceso organizativo sostenido, con base territorial, que logró articular comunidades en medio de un contexto marcado por la presión armada ilegal y el deterioro de las condiciones de seguridad en la región.

Los números hablan con claridad. La candidatura de Rossana Mejía Caicedo, respaldada por la Fundación Agua y Vida y cercana al grupo político de la vicepresidenta Francia Márquez Mina, obtuvo 14.102 votos. El resultado la ubicó en el tercer lugar. La cifra contrasta con el peso simbólico del respaldo nacional. El mensaje fue concreto, la legitimidad institucional no garantiza adhesión electoral cuando el territorio no percibe transformaciones tangibles.

En el otro extremo, Juan Pablo Salazar Rivera, quien aspiraba a la reelección con el apoyo de la estructura política del alcalde de Suárez, César Lizardo Cerón, alcanzó 25.433 votos con su lista de Asointec. Su caudal resultó insuficiente. La diferencia de más de 2.200 votos frente a la lista que encabezó Gómez Salamanca confirmó la irrupción de una fuerza que no se alineó con las dos corrientes dominantes.

La tercería que llegó a representar las víctimas del conflicto y rompió el guion político - Esneyder Gómez Salamanca

El dato central está en la suma organizativa. Gómez Salamanca obtuvo 18.570 votos personales. Su lista, impulsada por el Resguardo Indígena de Toribío, alcanzó 27.653 votos. Esa cifra revela una estructura cohesionada, con disciplina electoral y capacidad de movilización en condiciones adversas. En contraste, los movimientos afro y campesinos llegaron fragmentados a la contienda.

La fórmula con Claudia Liliana Ruiz Hoyos, quien aportó 7.121 votos desde Argelia, consolidó una alianza territorial que cruzó geografías marcadas por la conflictividad. Toribío y Argelia, dos escenarios atravesados por dinámicas de violencia y control armado, confluyeron en una apuesta política que se tradujo en representación.

Al recibir la credencial, Gómez Salamanca fijó una línea de interpretación, el resultado corresponde a la confianza acumulada por las comunidades. Su declaración no se limitó a un acto protocolario. Funciona como punto de partida para un mandato que se mide en resultados concretos, en una región donde la presencia estatal enfrenta límites evidentes.

La elección reconfigura el mapa político del suroccidente de Colombia, por una parte el oficialismo pierde terreno en un espacio donde esperaba consolidarse, por otra, las estructuras locales ven erosionada su capacidad de control electoral. La CITREP 1 queda en manos de un liderazgo que surge desde la base organizativa indígena, afro, mestiza y que no depende de la intermediación de Bogotá ni de los aparatos municipales.

El efecto inmediato es un cambio en la interlocución pues las comunidades que habitan el norte del Cauca y el Alto Patía han señalado a quién reconocen como su vocero. El desafío se desplaza ahora al ejercicio de la representación, la credencial otorga voz en el Congreso. El territorio exige resultados en seguridad, acceso a derechos y condiciones de vida.

En esta elección no hubo margen para ambigüedades. La polarización que ordenaba el tablero político se diluyó frente a una tercera opción que avanzó con estructura, discurso y arraigo. El resultado no es una anomalía, es la expresión de un proceso que encontró su momento.

La pregunta que sigue es si esa voz logrará incidir en las decisiones que han sido aplazadas durante años, la representación ya cambió de manos. La responsabilidad apenas comienza y se espera que se cumpla la palabra.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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