LA TAREA SUDOROSA DEL CONGRESO COLOMBIANO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El sudor le llega por los poros a la piel humana por esfuerzo de las neuronas. Cuando el labrador se agacha sobre la tierra con el azadón para abrir un surco, se causa un hervor en la sangre que se va extendiendo por todo el cuerpo. Sube por la espalda, cruza por las axilas, atraviesa las arrugas de la frente y regresa así a la cabeza de donde salen los impulsos que manejan los hilos de la voluntad y las ideas. Aparece, entonces, el sudor que baña el cuero cabelludo, la frente, los brazos y las piernas.
El sudor es el signo de un esfuerzo de la fuerza física que almacena el cuerpo humano. Nos lo patentizan nuestros campesinos que labran los campos, los obreros en las fábricas, los corteros en los cañaduzales. Y los mulos en los caminos de herradura que aún perduran en nuestro rico y no pavimentado territorio colombiano.
Pero de los sudores de nuestro eficiente y admirable Congreso colombiano nadie lo ha ponderado y valorado. Más de 300 hombres sobre escritorios, los días martes, miércoles, jueves, y a veces los viernes, van trabajar con traje fino, uñas relucientes y peinado a la moda. No tienen qué envidiar a los preceptos de mamá Ramona. Su chupa es de boda, el caminado orondo y su ánimo y figura muy tiesa y muy maja. Cuando salen, por supuesto no se han despeinado.
Pero este fin de semana la semana llamada santa produjo el milagro. En realidad ya había sucedido otro. La Comisión de Acusación de la Cámara despertó del letargo y estiró el brazo hasta la Sala del Consejo Superior de la Judicatura para que desatara el conflicto entre la Comisión y la Contraloría. Qué afán y qué sudor por tanto trabajo. Obvio que el Consejo no fue inferior a la incisiva dentellada de la Comisión. En par minutos dejó en el limbo la competencia de la mujer Contralora para asumir los casos de defraudaciones del erario de altos funcionarios –aforados-.
No se conoce una sola actuación que satisfaga la existencia de esa Comisión. Ese juez no ha estrenado su calete ni ha roto su virginidad. Toda queja ha quedado abandonada y la esperanza del Constituyente ha quedado burlada. Pero sí ha tenido la idea brillante de acudir rápido en su propio auxilio para liberarse y librar a otros congéneres del peso del repudio público.
Nuestro Congreso – perdón -, el Congreso de Colombia sólo se afana cuando se trata de gravar al colombiano raso, de legislar para su provecho, de expedir leyes con micos y portillos para saltarlos oportunamente, para subirse sueldos y pensiones, para… bla, bla. Favor que hace el gran Consejo para que la reforma a la justicia en el Congreso no acabe con él como se ha solicitado por muchos sectores.
Lástima que ya han caído las dos mujeres que, además de la pasada Corte Suprema, pusieron a funcionar su sueldo y sus funciones fisiológicas a favor de la Justicia. Cayó por zancadilla legal la Fiscal general Viviane Morales y ahora cae la más alta tarea para la que estaba lista la muy señora Contralora Sandra Morelli. Ambas tenían muy bien puestos los sostenes y braguetas. Ganaron en esta ocasión los pantalones y la fuerza de unos barones. Casi, sin que movieran la mano, con solo un soplo del padre Celestino.
No necesitaron sudar sobre este gran surco de dolores que padece la Patria por la merma de su erario y el engorde los peces gordos. Estupefacta vemos la cara de la Contralora al leer el sapiente fallo. Y estupefacto queda el pueblo con la suspensión de las investigaciones y el trabajo en curso de esta mujer valiente y sudorosa.
10-04-12 – 11:02 a.m.
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