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Miércoles, 14 de octubre de 2026

“La sociedad de la nieve”. Sobrevivientes de los Andes

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“La sociedad de la nieve”. Sobrevivientes de los Andes
“La sociedad de la nieve”. Sobrevivientes de los Andes
Créditos: El Colombiano
Por: Felipe Solarte Nates.

En las primeras escenas, durante la despedida de sus familiares y amigos en la misa católica antes de iniciar la travesía aérea por la cordillera de los Andes, el sacerdote al elevar el cáliz con el vino y levantar la hostia repite las palabras, que según los evangelistas pronunció Jesús en la última cena: “Comed y bebed que esta es mi sangre y éste es mi cuerpo”.   

Se presagia el problema ético y religioso, que, en 1972, afrontarán los 29 sobrevivientes iniciales del accidente, cuando el avión de la Fuerza Aérea uruguaya con 45 pasajeros, entre jugadores del equipo de rugby “los Old Cristian” acompañados de algunos familiares y amigos, se precipitó sobre la nevada cordillera de los Andes que separa a Chile de Argentina, mientras iban de Montevideo a Santiago, quedando algunos con heridas graves dentro de un sector del fuselaje que se deslizó sobre la nieve hasta detenerse en una pequeña planicie. 

Después de semanas de solo comer las escasas provisiones encontradas en los equipajes que lograron rescatar, la mayoría mecato y dulces, -y al hacer mella la escasez de proteínas y otros alimentos-, más a los heridos que a los que salieron ilesos, les hacen estragos en sus cuerpos la fatiga del hambre incentivada con el frío Intenso que sobre todo en las madrugadas penetraba por las ranuras del pedazo de fuselaje en el que se agruparon. 

Canessa, el estudiante de medicina, ya piensa que los cadáveres congelados pueden servirles de fuente de proteínas si no quieren morir de inanición, pues las esperanzas son mínimas al escuchar por el pequeño radio transistor, que dos semanas después del accidente ya terminó la búsqueda de las aeronaves que varias veces les pasaron cerca sin ver ni escuchar sus desesperadas señales y gritos perdidos en medio de la cegadora e inmensa blancura de la nieve. 

El estudiante de Medicina sabe que deben comer de la refrigerada carne de sus familiares y amigos muertos e intenta convencer a los sobrevivientes que se horrorizan ante la inminencia de volverse “caníbales”, esa terrible palabra asociada a la barbarie. “¡Comed y bebed! Esta es mi sangre y este es mi cuerpo”. he ahí el dilema de vida o muerte. 

Ya no se trata de beber del espíritu y de las creencias católicas. Ya se trata de comer físicamente el cuerpo de nuestros seres queridos que brindan la oportunidad de salvación si no quieren perecer soportando los aguijones del frío sobre sus pieles y del hambre sobre sus tripas sometidos además a imprevistas avalanchas de nieve como la que los sepultó durante tres días y mató a ocho de ellos.  

A los sobrevivientes y en especial a Numa Turcatti, el más renuente a volverse “antropófago” por fuerza mayor, se les plantea un dilema místico y filosófico parecido a los personajes de las novelas de Dostoievski, algunos como Iván, dominados por la dialéctica materialista intentando justificar la necesidad de la muerte de su padre Karamazov, o su hermano menor Aliosha, cuando en su mente se enreda en grandes encrucijadas místicas después de tomar los hábitos en un convento de la Iglesia Ortodoxa Rusa. 

Gracias a que los más realistas autorizan a sus compañeros a comer de sus cuerpos si mueren y a que los hermanos Strauch con pedazos de vidrio deciden cortar las porciones de carne sin que los otros los vean, la mayoría aceptan consumir.  

Así sobreviven, hasta que Canessa y Parrado, lideres naturales más osados, después de recobrar fuerzas y tras entrenarse en largas caminatas, acondicionar ropas, bastones y equipos con telas y elementos recatados de las ruinas del avión, cuando inicia el deshielo, salen a buscar ayuda acompañados de otro compañero que no resiste y se regresa. 

Logran orientarse y constatan que más cerca está Chile que Argentina y el día 61 después al día siguiente de la muerte de Numa Turcatti y de caminar subiendo y bajando interminables picos nevados, al día 69 del accidente logran avizorar el pequeño valle donde a la otra orilla del río ven al huaso chileno Sergio Catalán que pastorea su ganado y amarrado a una piedra le hacen llegar el mensaje sobre su identidad y supervivencia que, cuando llegue al pueblo más cercano, será noticia mundial y permitirá el despliegue del equipo que en helicópteros rescatará a los 14 sobrevivientes esperándolos ansiosos en la montaña, después de escuchar por el transistor que llegaron a su objetivo. 

“La sociedad de la nieve”, basada en el libro del escritor y guionista uruguayo Pablo Vierci, que tuvo contacto directo con algunos de los sobrevivientes, es el título de la película dirigida por el español J.A. Bayona, estrenada en Netflix, el 4 de enero, que sin apartarse de la realidad cruda y gélida que sufrieron los sobrevivientes, 30 años después de la primera versión cinematográfica de 1993, nos hace sentir cercano el drama como si estuviéramos inmersos.  

Las cámaras próximas a los cuerpos, a la nieve y escenas filmadas en el propio sitio de la tragedia alternadas con locaciones en España, junto a los recursos técnicos digitales y de inteligencia artificial que hoy facilitan la edición, en esta segunda versión ficcionada de la tragedia de los Andes, se enfoca más en el dilema psicológico y ético de los sobrevivientes, sin perder el ritmo y tensión de las duras situaciones recreadas antes, en el accidente y después, al afrontar dilemas religiosos y  contratiempos cotidianos que debieron sortear en condiciones extremas. 

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Otras publicaciones de este autor:

Felipe Solarte Nates

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