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jueves 21 noviembre, 2013 a las 11:53 pm

La reelección de Santos

Santos
Luis Alberto Barrera Moreno
Luis Alberto Barrera Moreno

Aspiraba yo también, a sistemáticamente irme retirando de opinar de política para en definitiva dedicarme a otros menesteres más gratos o tratar  temas menos mezquinos que el mundo confuso de lo político, pero el anuncio del presidente Santos de su intención para ser reelegido en un nuevo periodo como inquilino de la Casa de Nariño, me puso a pensarlo seriamente.

Juan Manuel Santos hizo pública su aspiración de ser reelegido en la presidencia de la República. Afirmó hacerlo, principalmente, porque debe concluir los diálogos de paz que se llevan a cabo en La Habana con la guerrilla de las Farc, y así brindarles a los colombianos el fin de más de 50 años de conflicto armado y eso está bien.

El mandatario de los colombianos ha dicho dos cosas fundamentales para su futuro político y el de la patria: “No podemos quedarnos a mitad de camino con esa tarea que me han encomendado”, y “La paz es el bien público más importante de cualquier nación”.

Pese a su baja imagen de favorabilidad en las encuestas y hacemos desprevenidamente un rápido repaso de sus principales logros durante los tres años y tres meses que lleva de mandato, los alcances son más positivos que negativos, lo que sucede es que el presidente no transmite y sus asesores de imagen son unos auténticos “petardos”, que no han acercado al jefe de Estado con el sentimiento popular, los grandes sectores de opinión y el pueblo raso lo ven aún muy distante de sus entrañas y afectos.

Su gobierno ha tenido un profundo sentido social de talante liberal que ha permitido de alguna manera superar la meta de crear dos millones de puestos de trabajo y que millones de personas han salido de la pobreza, cerrando así cada vez más la brecha entre los pobres y los ricos, pero en algunas regiones como el Cauca no se siente ante la adversa realidad.

Sus críticos le cuestionan un aparente retroceso en temas como el de la seguridad democrática que tanto defendió con su antecesor, pero revisando las estadísticas y archivos en su gobierno se han dado los golpes “más contundentes en la historia” a las guerrillas y las bandas criminales y que los homicidios, los secuestros y otros delitos siguen bajando, aunque la gente en el fondo sigue desesperada por la inseguridad en las zonas urbanas de las ciudades.

Santos y ningún otro presidente reciente, ha entregado un programa de 100 mil viviendas gratis a los más necesitados, que empezó a liderar con el actual director de su Fundación Buen Gobierno, Germán Vargas Lleras como ministro de Vivienda.

Otro logro de gran impacto, que no se le reconoce por pésima información a la opinión pública de su gestión, es el plan de aguas que adelanta en diferentes regiones del país y de la educación gratuita, a la que, cada vez más niños y jóvenes tienen acceso. No obstante, aún sigue pendiente la reforma a la educación y de la salud, en las cuales no debe cometer desaciertos.

Al finalizar su balance, el presidente afirmó que aún queda mucho por hacer, por lo que le pidió el apoyo de los colombianos. “Quiero un país unido. Quiero una Colombia en paz y con prosperidad para todos”, concluyó, tras posicionar un país ante la comunidad internacional con mejor credibilidad.

La reelección está servida para Santos, no se vislumbra contendor fuerte y la oposición se orienta erradamente bajo la batuta del expresidente Uribe Vélez, quien en su oportunidad democrática de la reelección no pudo derrotar la guerrilla más antigua del mundo, la cual se convirtió en su obsesión.

Los colombianos debemos ensayar la paz y no temerle. Aunque nunca la hayamos vivido. Si crecen las inversiones, la economía está entre la mejores de Latinoamérica, en medio de la guerra, imaginémonos por un instante cómo sería en un clima de tranquilidad, y sin el oprobioso conflicto interno que tantos muertos y víctimas se ha dejado en las últimas cinco décadas.

A muchos quizá no les interesa la paz y el final del conflicto armado porque su preocupación la relacionan más con la inseguridad urbana de la delincuencia común, ya que la guerra de la insurgencia y el Estado, afecta directamente tan sólo el 25 por ciento del territorio nacional, mientras en el resto se sufre cotidianamente las consecuencias del accionar de la delincuencia en todas sus otras modalidades.

A Santos debemos entonces, darle un voto de confianza y una segunda oportunidad en su mandato. Que ojala se acerque más al pueblo, corrija tantos errores y se sintonice más con las regiones, reconociendo el liderazgo de los líderes populares y gobernantes, que suelen ponerle el pecho a la brisa y no dejarse enredar tanto en la maraña asfixiante del centralismo capitalino.

Santos en su reelección básicamente tiene dos retos. Uno, culminar el acuerdo de paz, y si lo logra, viene una etapa que me parece incluso más difícil, que es el postconflicto. Y dos, hacer que el aparato estatal sea más eficiente, porque no lo es, la burocracia es enemiga de los ciudadanos, se hacen cosas importantes por los pueblos y comunidades, pero las gentes del común no las ve.

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