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Lunes, 19 de octubre de 2026

La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada

LA PRIMERA VEZ QUE OÍ HABLAR DE VALLEJO En el Archivo Blanca Varela, en Lima, Perú, hay un documento que...

La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada

LEON GIL

LA PRIMERA VEZ QUE OÍ HABLAR DE VALLEJO

La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada
Imagen: https://m.panamericana.pe/ Imagen utilizada únicamente con fines informativos y de ilustración, sin ánimo de lucro ni propósito comercial. Todos los derechos corresponden a su autor o titular.

En el Archivo Blanca Varela, en Lima, Perú, hay un documento que publicó la revista Vallejo & Co. Es la fotografía de una hoja tipeada y corregida por las manos de la poeta peruana Blanca Varela (1926-2009), en la que narra breve, pero sabia y bellamente, cómo fue el primer “encuentro” con su coterráneo, el gran César Vallejo, y qué pensó y sintió al leerlo por vez primera.

La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada

«La primera vez que oí hablar de Vallejo, siendo aún muy joven, fue a alguien muy cercano, pariente o amigo de familia, no lo sé, que citaba —siempre a las horas de comida— burlonamente la siguiente línea: «los alegres tiroliros de los cubiertos». Cuando encontré ese verso en TRILCE, esa frase me pertenecía, y no en el contexto del crítico de marras ni del propio Vallejo. Esos cubiertos eran míos y sus tiroliros también. Pero mi primera lectura juvenil y seria de Vallejo fue más tarde, tal vez en la universidad. Me turbó, me hizo casi llorar, me dio risa, y me quedó sonando en la cabeza y en el corazón para siempre. Lo que sí supe desde el primer momento, entre la oscuridad y el deslumbramiento de esa poesía, es que todo joven poeta debía huir momentáneamente de él. Era demasiado. Pero quiero permitirme hablar aquí también de mi última lectura de Vallejo hace pocos meses: me turbó, me hizo casi llorar, me dio risa y sigue, como siempre, sonando en mi cabeza y en mi corazón.»

Blanca Varela

NOTA:

En la fotografía puede apreciarse que la poeta comete un error y una imprecisión cuando cita la “línea” de Vallejo: «los alegres tiroliros de los cubiertos», pues el verso textual del poema es «y con cubiertos francos de alegres tiroriros».

Es obvio suponer que la imprecisión es debida en gran parte a que la poeta cita de memoria el verso de Vallejo; pero el error de escribir «…tiroliros» en lugar de «…tiroriros», hay razones para creer que fue por causa de un lapsus calami, los cuales según parece son debidos a asociaciones inconscientes; en este caso, podría ser una canción infantil que la poeta quizás conocía: Tiroliro liro-liro. También, Tiroliro, «es un espectáculo de títeres y canciones, alegre y festivo, pensado especialmente para la primera infancia».

En cambio, «tiroriro», según la RAE, es el sonido de los instrumentos musicales de boca, así como los mismos instrumentos musicales de boca.

Además, existe la expresión «comer y hacer tiroriro», que puede referirse a que se está disfrutando de la comida y emitiendo sonidos placenteros al comer, sería la alegría y la camaradería en un evento social; como parece sugerir el verso de Vallejo.

Acá va el poema donde aparece el verso que menciona la poeta:

Poema XXVIII
César Vallejo – Trilce
La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada
César Vallejo

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua
,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido
.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas
,
cuando habrase quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos
;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillo
s
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor
,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE
,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba
,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.

***

La primera vez que oí hablar de Vallejo. Y mis Farallones de La Pintada

Farallones de La Pintada con dos soles (¿o dos lunas?), óleo sobre lienzo, 45X60 cm. (Vistos desde la Hacienda El Aventino, Valparaíso, Ant.)


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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