Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Martes:
Popayán 1 y 2
Cali 1 y 2
Martes, 13 de octubre de 2026

La polarización no mata, el odio inducido sí

La polarización no mata

La polarización no mata, el odio inducido sí

Alfonso Luna Geller

El reciente atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay ha reabierto un debate crucial y urgente: la relación entre polarización política y violencia. Para algunos sectores, especialmente desde ciertos medios de comunicación y voceros de poder, la narrativa es simple y funcional: «la polarización está llevando al país al abismo». Pero esta afirmación, por más difundida que sea, requiere matices, argumentos y responsabilidad.

En democracia, la diferencia de opiniones, incluso la confrontación ideológica más aguda, no solo es natural: es necesaria. Lo que resulta inadmisible es convertir esa diversidad de ideas en una herramienta para fomentar el odio, para deshumanizar al adversario, para crear climas de violencia simbólica que terminan, como acaba de ocurrir, en violencia física.

El atentado contra el senador Uribe Turbay no se explica por la existencia de oposición, ni por el disenso político. Tiene raíces más profundas y complejas: la disponibilidad irresponsable de armas de alto calibre y sofisticación que escapa al control del Gobierno, la precariedad educativa, la destrucción del tejido familiar, el desempleo estructural, la criminalización de la pobreza, la cultura de la «verraquera» impuesta por el crimen organizado y glorificada por algunos referentes mediáticos en redes sociales.

Y sobre todo, hay una causa cada vez más evidente: la inducción sistemática al odio. El verdadero problema no es la polarización como resultado del debate democrático, sino el uso intencionado del lenguaje para exacerbar emociones primarias, dividir a la población y justificar lo injustificable. Esto ocurre con frecuencia desde micrófonos y plataformas de comunicación que responden a intereses de la hegemonía económica, donde el sensacionalismo reemplaza a la información y la opinión se disfraza de verdad absoluta.

También preocupa la acción discursiva de quienes se presentan como «reservas activas» o custodios del orden, pero terminan promoviendo discursos de exclusión, insulto y estigmatización contra quienes no forman parte de su «santoral» ideológico. Estos lenguajes, lejos de construir un país viable, avivan los fuegos de la violencia.

No podemos seguir confundiendo crítica con ataque, oposición con traición, ni polarización con criminalidad. Si algo necesita Colombia con urgencia es diferenciar el ejercicio de la democracia del ejercicio del odio.

En consecuencia, la opinión no dispara. El crimen nace cuando se convierte la palabra en plomo. Defender el debate político no es promover la confrontación violenta. Cuidemos el lenguaje, los micrófonos y las trincheras desde donde se incuba la deshumanización. La democracia está herida cuando las ideas son reemplazadas por la metralla.


Imagen destacada: https://www.seaart.ai/es

Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:

Alfonso J Luna Geller
[email protected]