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Domingo, 4 de octubre de 2026
martes 15 marzo, 2016 a las 7:59 am

De la pedagogía del esfuerzo

De la pedagogía del esfuerzo
Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria

CARLOS E. CAÑAR SARRIA / [email protected] / En una sociedad en crisis de valores morales como la nuestra, donde se hace común observar una serie de comportamientos que riñen con los buenos principios, resulta conveniente el fomento y reproducción de comportamientos que hagan posible la construcción o reconstrucción  de una nueva sociedad. Se trata de una cultura donde sobresalga la adopción de valores que conduzcan a la consecución de unos imaginarios acordes con las sentidas aspiraciones de la población, donde el bienestar general sea la regla conductora.

          Dentro de esos imaginarios, por ejemplo, vale la pena resaltar la importancia de una pedagogía del esfuerzo como mecanismo para la relativa realización de los proyectos de vida y por ende, del logro del bienestar tanto espiritual como material; es decir, la tendencia natural de las personas en la permanente aspiración de la conquista de la felicidad.

           En dicha aspiración es necesario hacer consciencia de que no todos los medios son válidos para la consecución de los fines. Que si se quiere vivir económicamente mejor, es una aspiración legítima, pero que hay que hacer méritos basados en la legalidad y en el esfuerzo. Que el logro del dinero fácil sólo trae problemas y que tiene como contraprestación la ruina y la desdicha. Muchos casos se han dado en personajes que después de amasar fortunas por la vía de la deshonestidad e ilegalidad terminan sus vidas en condiciones psíquicas y físicas miserables, cumpliéndose aquellos adagios populares de lo que por agua viene por agua se va, y de quien mal comienza mal termina.

          Casos también existen de personas quienes después de muchos años de trabajo honrado logran la estabilidad y tranquilidad económica. No se trata de vivir en la opulencia sino en condiciones de decencia. Esto nos lleva a recordar los comentarios que hace unos años nos hiciera una anciana que a propósito de su modesta pensión de jubilación, resaltaba el disfrute tranquilo de sus últimos años con la satisfacción del deber cumplido y de no deberle nada a nadie.

             Desde hace varias décadas el apego al dinero fácil y al pronto enriquecimiento vienen haciendo estragos en la sociedad colombiana. Es cierto que conseguir trabajo en nuestro país es una odisea y que hay carencia de políticas públicas de empleo; también es cierto, que hay personas que no quieren estudiar ni trabajar porque ven más atractivo y lucrativo recurrir al facilismo, al asistencialismo o al delito. Se olvida que nada será tan valorado y apreciado que aquello que se adquiere con el trabajo y el esfuerzo.

            Con el paso de los años, cada vez nos hacemos conscientes de que si bien es cierto que el dinero es necesario, éste por sí solo no genera ni garantiza felicidad. Que en muchas situaciones, prima el bienestar del alma, tal como Platón concibe la felicidad; es decir, la tranquilidad de la conciencia. Insistimos que algunos pensarán que es iluso hablar de estudio y de trabajo en una sociedad donde no se garantizan los derechos a la educación y al trabajo, situación relativamente verdadera, sin embargo, no son pocas las personas que no obstante las limitaciones económicas de las familias, logran salir adelante con el esfuerzo y la superación personal. Personas para quienes el estudio y el trabajo son mantenidos como prioridades y no se prestan para coquetear con las tentaciones del demonio. Personas que saben aprovechar las instituciones educativas diurnas y nocturnas que ofrece el Estado en las modalidades académicas de primaria y secundaria. Otras trabajan y estudian a la vez o acuden a préstamos, pero no renuncian jamás a seguir adelante en sus estudios universitarios ni a sus aspiraciones profesionales.

              Por eso es conveniente comprender que es en el seno de las familias, en las instituciones educativas, en las universidades, entre otros escenarios, donde se hace necesario que se inculque la pedagogía del esfuerzo a los niños y a los jóvenes. En estos escenarios se debe enseñar y aprender que es posible construir una nueva sociedad, caracterizada por unos patrones de comportamiento acordes con la moral y los buenos principios.

              La sociedad colombiana requiere de nuevos paradigmas, de una nueva escala de valores, de una pedagogía del esfuerzo donde el trabajo honrado sea una de las principales aspiraciones de la gente. El Estado y la sociedad deben garantizarles a las comunidades los medios adecuados para la consecución de los bienes materiales. Aquello que se logra como consecuencia del esfuerzo y la superación personal difícilmente se evapora. Muchas personas en nuestro país han salido adelante después de superar toda serie de obstáculos y dificultades, indiscutiblemente son los arquetipos más adecuados para una sociedad en crisis.