La Paz, la apuesta de Santos


Pasado el trance de las elecciones legislativas la atención se centra en el debate de la campaña presidencial en la que sin lugar a dudas el presidente Juan Manuel Santos será reelecto por los colombianos, por tres razones fundamentales:
La primera, no tiene contendor de peso político, la segunda porque está haciendo transformaciones de fondo en sus políticas sociales y económicas de corte más que liberales, gobernando con ideas que hasta han sorprendido a la misma izquierda contestataria y tercera, le está apostando a firmar la paz con el grupo insurgente más antiguo del mundo y que más daño le ha hecho a Colombia durante varias décadas y a cambio de la guerra, la Paz va ser el mejor negocio para nuestro país.
Es apenas obvio, que con el fin de un conflicto armado no llega la paz como consecuencia inmediata de los acuerdos con grupos insurgentes tras periodos de violencia. En la etapa del postconflicto la búsqueda de la verdad, reparación a víctimas y la reconciliación social tardan tiempo y hay riesgo de que surjan otras violencias, pero este paso histórico es en el fondo el mayor anhelo de los colombianos que estamos “mamados de tanta violencia e inseguridad”.
La paz es la mayor apuesta de Santos, porque no existe mejor propuesta para un pueblo que se ha desangrado durante tantos años y para el bien de las futuras generaciones, necesitamos comenzar de una vez por todas a reconciliarnos y cicatrizar tantas heridas, porque no basta con actos de estrechar manos y palmaditas en la espalda, hacen falta pedagogía, acciones y programas sicosociales que con los programas como la sustitución de tierras y la reparación de víctimas se comienza hacer justicia social, como lo reclaman los propios actores armados de la insurgencia.
Gran porción de los colombianos sensatos apoyamos este proceso de paz y el tema se ha vuelto tendencia en nuestras conversaciones cotidianas. Pero pocos nos hemos sentado a analizar los aditamentos a los que la sociedad colombiana debe hacerse cargo para que todo este camino nos lleve a ver un país en crecimiento y sobre todo, sin conflicto.
El próximo gobierno del presidente Santos tendrá en su agenda principal el tema de la Paz, este será el eje central de su campaña y los caucanos y colombianos debemos con nuestro voto y respaldo contribuir para que este sueño y esperanza no se frustre, pues ha llegado la hora de llevar progreso y desarrollo a nuestros pueblos.
Debemos exigir como sociedad que el Estado se encargue de que este grupo armado que tanta presencia tiene en las tierras caucanas, cese su actuar terrorista y termine de una vez por todas de desangrar a tantas generaciones de colombianos.
Nuestra meta al final del conflicto es no repetir los errores del pasado y no caer en las equivocaciones con las que cultivamos una cadena de odio hace más de medio siglo, porque al mirar hacia atrás las Farc están en nuestra historia por nuestras acciones ya sea como personas, como sociedad o como Estado.
Para la opinión pública será inadmisible que las Farc no reciban el castigo infernal que infringieron a tantos colombianos; pero lo que conlleva el fin del conflicto es a la refundación de nuestra nación no solo con el objetivo de reparar a nuestras víctimas sino el de no producir más victimarios en nuestra sociedad. A eso, le apostamos con Santos nuevamente en los destinos del país.




