Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 3 de octubre de 2026
domingo 16 marzo, 2014 a las 8:47 pm

De la democracia social

Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
[email protected]

                En la realización plena de los derechos económicos y sociales se fundamenta la democracia social, los cuales tienden a la liberación de la miseria al ser humano y están dirigidos hacia la satisfacción de necesidades fundamentales, capaces de garantizar un nivel de vida acorde a la dignidad de cada persona. Estos derechos -como lo anota Ángelo Papacchini- incluyen el derecho a la educación y el derecho a la seguridad social que hagan posible a las personas y a las familias el máximo nivel de salud física y mental.

               Para la vigencia de tales derechos es importante la posibilidad de que el ser humano se gane la existencia gracias a un trabajo libremente escogido y aceptado. Al Estado corresponde el deber de fomentar el desarrollo económico con desarrollo social, combatir el desempleo, velar por unos salarios justos y por el trato humano a los trabajadores.

              Pensamos con realismo -y si se quiere con escepticismo- que la democracia social en nuestro país está en pañales. El Estado colombiano ha sido incapaz de incrementar una polìtica de empleo que indique el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros compatriotas. Las legislaciones laborales, desafortunadamente benefician a los empresarios y a la economía mercantilista en detrimento de los intereses de los trabajadores. Algunos tienen el “derecho” al trabajo, sin embargo dista mucho el hecho de que las condiciones laborales y salariales impuestas por el mercado, sean capaces de permitir la realización plena de los trabajadores. Sus derechos se cercenan cada vez màs y las conquistas laborales tienden a desaparecer. A esto hay que agregarle la alta tasa de desempleo que agobia y conduce a un clima de incertidumbre, situación que a no pocos nos hace pensar que el nuestro es un país sin oportunidades. Anualmente llega el dolor de cabeza del aumento del salario mínimo, incremento que nunca llena las expectativas de los trabajadores y sus familias. La mayoría de las veces impuesto unilateralmente y pocas veces concertado. El aumento cada año es irrisorio y demuestra cómo se desatienden las prioridades en un país de mezquindades. Mientras unos privilegiados devengan unos sueldos desproporcionalmente elevados, gran cantidad de trabajadores colombianos tienen que hacer maromas para acceder a la atención de sus necesidades básicas insatisfechas.

                  En lo que respecta a la educación, lo que se vive no es màs que la aplicación de políticas privatizadoras, lo cual no ha estado exento de despertar el inconformismo de estudiantes antes caracterizados por la apatía. Muchos asisten a las aulas en circunstancias precarias y no cuentan con un peso para una fotocopia. Las matrículas en las universidades vienen subiendo despiadadamente. El estudio dejó de ser hace mucho tiempo, la posibilidad de garantía de un futuro seguro y promisorio. A muchos padres de familia preocupa el futuro de sus hijos al ver que el estudio ya no es garantía ante los altos índices de desempleo de los profesionales.

                 La salud en manos de los particulares está haciendo estragos, pues a las empresas prestadoras de este “servicio” sólo les preocupa el afán de lucro y en ningún sentido el bienestar físico y mental de las personas, contrariando a lo que propone la Organización Mundial de la Salud. Las drogas genéricas – lo reconocen los mismos médicos – no surten el mismo efecto curativo o profiláctico en los pacientes, ni son garantes de una franca mejoría. Algunos médicos haciendo uso de la ética, les sugieren claramente a los enfermos, la conveniencia de que éstos asuman los costos de las drogas comerciales en caso de contar con posibilidades económicas. Los médicos no tienen otra opción que formular aquellos medicamentos que las empresas y el mismo Estado les permiten formular. La profesión médica cada vez se coloca en un plano de tercera categoría; las condiciones laborales y salariales de los médicos cada vez se hacen más precarias. Los largos años de esfuerzo intelectual y la inversión económica en sus estudios desalientan a estos profesionales, de quienes en coyunturas especiales, depende nada menos que la salud y la vida de los compatriotas. Al paso en que vamos ya pocos colombianos querrán estudiar medicina.

               La democracia social es una necesidad, hay que edificarla. Comenzar por atender las profundas desigualdades socioeconómicas que polarizan este país. Hay que garantizar a la sociedad la protección contra los riesgos de la vida. Mientras la pauperización de la sociedad se haga más evidente, difícilmente la democracia social podrá hacerse realidad. Medidas asistencialistas en nada mejoran las condiciones de vida de los pobres y miserables, toda vez que lo que requiere la población son cambios estructurales y no soluciones momentáneas y populistas.

Articulos relacionados

sábado 3 octubre, 2026 a las 1:22 pm

220 jóvenes de Timbío recibirán apoyo cafetero

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:59 pm

I.E. Leopoldo Pizarro de Miranda es campeona departamental

sábado 3 octubre, 2026 a las 12:19 pm

López de Micay conecta campo, juventud y tradición