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viernes 21 julio, 2017 a las 3:51 pm

LA PAZ DENTRO DE LA POBREZA

LA PAZ DENTRO DE LA POBREZA
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
http://www.elespectador.com/noticias/cultura/la-palabra-derrite-el-afilado-punal-de-la-soberbia-parte-i-articulo-703320

 

Por fin encontré la risa de los niños,
 la paciencia del abuelo,
 el rocío atado al débil capullo,
la oscuridad devorada por el alba,
 era la paz luminosa como los mismos Andes.
Rubín Morro, en El Espectador

Sorprende que el colombiano sea como un camaleón. Vive en la ciudad rodeada de guerra, humean las fábricas como si no pasara nada y el ciudadano común trabaja y come. El Presidente viaja y ríe y se da la mano con el guerrillero, mientras en casa el hombre común mira TV a la hora del almuerzo ve el fusil sobre el hombro.

Todo parece en Paz. Han cesado escaramuzas, los dirigentes están a manteles aquí y allá y los otros en las zonas de amontonamiento y descanso de tantos años trotar y lanzar cilindros. La ciudad respira hondo y cree que la Paz ya ha llegado. En el Congreso los muy ladinos piensan cómo subirse las dietas y prebendas. Y en las afueras de las ciudades, en los pueblos secularmente abandonados de Dios y de los políticos, sin agua ni alcantarillado. Sin bueyes ni arados, ni casas dignas para los campesinos olvidados.

¿Qué es la guerra? Alguien se pregunta. ¿Qué es la paz? Muchos se preguntan ahora que los guerrilleros han entregado vituallas y municiones y que la ONU ha certificado cuántos fusiles y obuses y balas y minas quiebrapatas han entregado… ¿Esto de por sí es la paz, con los bolsillos vacíos? Solo hay plata para subir las dietas de los parlamentarios, para conceder permisos rápidos a las Concesionarias de la ruidosa inversión extranjera.

Y los dineros destinados a los pobres se suman a las deudas de las grandes empresas como el caso de la electrificadora de Barranquilla. Qué paz es esta para un sector pequeño de la población y el otro sector, el más sufrido sigue en la pobreza absoluta. Para ellos no se ve la paz por ninguna esquina. Ni por alguna vereda porque el campesino no pesa en la balanza del Poder político.

¿Qué campesino se acuesta por las noches con la esperanza de comer al día siguiente? ¿Habrá paz en su corazón, en sus sueños, en su mesa? Verá llegar allá a los campamentos en la montaña vecina a los candidatos a tierras, a subsidios, a puestos en el Congreso. ¿Y a ellos qué beneficio les toca? Su único pecado es ser pobres, haber sembrado, haber vendido sus hortalizas y papas a los intermediarios que no los dejan llegar hasta las plazas del pueblo.

¿Será que hay dos clases de paz en Colombia, o tres o cuatro? ¿La de los altos funcionarios y ministros, la de los guerrilleros que dejan sus armas, la de los campesinos que se esconden en sus ranchos porque no llegan a ser casas decentes y la de los indigentes en las calles? No podemos ser insensibles ni ciegos con esta realidad patente e indigna para este gran sector de Colombia. La gran prensa no los reconoce ni los cuenta desde 2014. Véase en Internet.

19-07-17                                             9:45 a.m.

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