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Viernes, 9 de octubre de 2026

La paz cuesta; la guerra mucho más

La paz en Colombia
Diogenes Diaz Carabalí
Diógenes Díaz Carabalí

Claro que la paz cuesta. En las negociaciones con las FARC, había que ceder. Ellos no iban a negociar una paz donde nada pudieran obtener a su favor. Pero cuesta menos que la guerra. Quienes cacarean en contra del arreglo que se ha obtenido, ni siquiera imaginan la crueldad de la guerra; no imaginan cómo vencer a un enemigo que en sesenta años, el estado no pudo derrotarlos, ni siquiera en tiempos de la “mano fuerte y el corazón extendido”: Fueron ocho años en donde se recrudeció el conflicto; donde se cometieron los peores atropellos en nombre de una tesis equivocada de la guerra, con miras a prolongarla. Hubo muertos de lado y lado, en el combate no se diferencian los cadáveres. Pero de eso no conocen quienes atacan el proceso porque van a la guerra desde los escritorios, desde las columnas de opinión, desde los micrófonos, muchas veces protegidos tras un seudónimo.

Quienes defienden la continuidad de la guerra deberían armarse y armar a sus hijos, no poner rostro de plañideras y pagarles la libreta militar a sus hijos para evitar el servicio militar. Por lo menos no vi a los hijos del presidente, del procurador, de los ministros, de los gobernadores, aún de los alcaldes ingresar a las filas del ejército de Colombia. La carne de cañón la ponen los campesinos humildes, los vendedores informales, los pequeños tenderos, los rebuscadores del pan diario, las mujeres solas que crían a sus hijos con tanto sacrificio. Ellos son quienes ponen los muertos. Es de los campesinos pobres de quienes la guerrilla recluta a menores porque se vuelven una carga, es de la gente pobre de este país que se engordan las filas del conflicto y se ponen los muertos, no de los que muestran tanto encono y tanto valor rodeados de guardaespaldas.

Voto en blanco al plebiscito por la paz

De los teóricos de la guerra no salen los combatientes, repito, ellos pagan la libreta militar. Entonces es muy cómodo estar en contra de la solución negociada de la guerra. Ellos tienen dinero para vivir en cómodos condominios donde la guerra no los alcanza. Y lo peor es que ni siquiera han leído el acuerdo. Son enemigos de cualquier acuerdo. Son enemigos por antonomasia de la paz porque la guerra les da opinión: si hay paz se les acaba el discurso. Al procurador ningún argumento le sirve, ni siquiera porque le han dado todas las explicaciones posibles. La paz no les produce confianza, ni siquiera porque ha sido negociada por personas que representan a plenitud el establecimiento, ríen sobre los cadáveres de miles y miles de colombianos. Rebuznan sobre la miseria de cientos y cientos de desplazados. Se glorían en una guerra donde no han puesto sino el odio y las babosadas mentirosas. Antes de conseguir los acuerdos, ya eran enemigos de los mismos.

No invito a votar Sí o No, en el plebiscito. Invito a leer en detalle el acuerdo, y sopesar la decisión. Qué beneficia más al país, a nuestras familias, a nuestro entorno. Si votamos Sí, estamos aceptando el acuerdo, y usted tiene cómo decidir. Si votas Nó, pues nos espera no sabe cuántos años más de confrontación en una guerra en la que nuestros hijos, nuestros familiares, nuestros amigos, ponen los muertos. Quienes auspician el conflicto ni siquiera te van allegar un sentido pésame. Si votamos Sí, tenemos la decisión histórica de acabar con las FARC. Lo importante es no dejarse llevar por la especulación, por las mentiras, por el odio de un sector que solo piensa en sí mismo sin importarle la suerte de nuestros hijos, de las futuras generaciones.

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