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LA PAZ

acpo
la paz
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA PAZ

La Paz
https://es.wikipedia.org/wiki/Acci%C3%B3n_Cultural_Popular*

He visto muchas veces simbolizada la paz como una paloma con una ramita de olivo en el pico. Nos queda en la mente el pasaje de la Biblia que narra el episodio del Diluvio universal. Fue un suceso tan terrible que el narrador del Génesis lo describió con lujo de detalles.

La paz es la ausencia de violencia, venga de donde venga. Del Destino, de la lluvia, del fuego, de la ira, del odio o la desesperación, de la guerra o la fuerza desmedida.

Me gusta la paz como poder dejar una ventana o una puerta abierta día y noche. Como la respiración de un ser humano sano, como poder salir a paseo al campo a disfrutar el agua de la chorrera y almorzar el avío llevado en olla. Me gusta la paz como poder hablar sin protocolo con la amiga en la acera del camino de todo y sin prisa. Mirándola a los ojos, a la nariz respingada y a la boca bien formada…

La paz no la da la autoridad de un general ni el gobierno del presidente. Ni del alcalde y sus policías… La paz no se consigue por decreto ni tocando campanillas en misa.

La paz se encuentra escondida en la selva adentro, en la mansedumbre del río, en la voz queda de la mujer amada, en el ruido sostenido de los carros allá afuera, en la avenida. Porque ni siquiera es la ausencia de la fuerza o del grito. A veces el grito es la expresión de máxima paz y del triunfo de la liberación casi tardía.

La paz la siente y la produce el árbol del camino, el perro que duerme junto al amo, del pájaro que llega con su pico ocupado al nido recién ocupado. La siente la sierpe que no es atacada y se desliza sensual sobre la piedra en el camino. La siente la madre cuando su hijo enfermo duerme tranquilo por fin.

Hablar de paz con usura en el mercado, con la espada de Damocles sobre la cabeza cuando no hay empleo es una gran mentira y descaro. Hablar de paz cuando los sueldos son bajos y hay mendicidad en la calle mientras los congresistas reciben cada uno 40 millones, es una bofetada en la cara a los cuarenta millones de habitantes de esta Colombia querida.  

La Colombia de Núñez y su Himno Nacional, de nuestros próceres Bolívar, Santander, Sucre, de la Pola, Manuela Beltrán, Maruja Vieira, de nuestros poetas y escritores, de nuestros obreros y madres de familia merece un mejor manejo.

El gobierno debería idear, con el Congreso Admirable, cómo bajar esas dietas subidísimas de nuestros mal llamados padres de la Patria y estimular la producción agrícola tan artesanal y que se quedó con el azadón y la peinilla y el sombrero roto. Pobres nuestros pobres campesinos. Nadie se acuerda de ellos. La idea de monseñor Joaquín Salcedo de Radio Sutatenza se ha quedado corta. Ya ni la iglesia católica habla de los pobres. Pobre Colombia.

23-01-19                                              11:24 a.m.

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Otras publicaciones de este autor, en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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