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Martes, 13 de octubre de 2026

¿La panamericana resuelve cualquier petición?

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Alfonso J. Luna Geller
Por Alfonso J. Luna Geller

Se impuso la moda en el Cauca que para obtener un espacio de diálogo con cualquier autoridad, por alguna de las perturbadoras situaciones que siempre se presentan en la evolución social, en la dinámica del desarrollo, es bloqueanda la vía panamericana. Se cree que la mejor herramienta para impactar la opinión pública y precisar posibles soluciones de emergencia es perjudicando al vecindario, causando daños colectivos, hostigando a otros que también andan en la búsqueda de soluciones a sus propios conflictos. Una especie de chantaje para obligar a la toma de decisiones. ¡Qué falta de iniciativa y creatividad para protestar!

Los mismos que eligen cada cierto tiempo a sus alcaldes, al gobernador, concejales o diputados, o congresistas, con quienes de una manera concertada debieran plantear acuerdos y formalizar debates en los escenarios apropiados, porque para eso los designan y son quienes pueden aportar satisfacciones a las demandas, ahora los desconocen, no confían en ellos sino en la campaña, cuando andan repartiendo beneficios instantáneos; ellos mismos están imponiendo la manía de ocupar ilegalmente la vía panamericana cada vez que se presenta una necesidad, paralizando la economía regional, haciendo sentir mal a miles personas que deben hacer uso de ella pasando horas de agravio y afrenta, como si eso resolviera las pretensiones por las que se manifiestan.

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Fotografía de Facebook Herman Montoya Llanten

Es obvio que la Constitución reconoce el derecho que los ciudadanos tienen de protestar pacíficamente; pero cuando se abusa de ese derecho, cercando la vía panamericana cada vez que a alguien se le ocurre, se atenta contra la seguridad de quienes se ven involucrados en las manifestaciones, se producen daños en la propiedad pública y privada, muchas veces se aprovechan estas situaciones para provocar actos vandálicos, mientras el derecho de los demás al libre tránsito se ve restringido durante varias horas. Piensan: “cuando ejerzo mi derecho a protestar, entonces debo desconocer los derechos que tienen las demás personas”. Es ahí, cuando se renuncia al derecho de hacerlo pacíficamente y la manifestación se transforma en otra cosa.

En estos casos he visto que muchos de los que protestan se dejan llevar por efervescencia del momento y olvidan los motivos que los convocan. Es cuando comienzan a tipificarse unos delitos como los ya descritos y la obstrucción de vías públicas que afectan el orden público, la perturbación en el servicio de transporte público, entonces, los derechos legítimos a la protesta se convierten en vías de hecho que afectan el equilibrio social, negándole a los demás sus derechos a la vida, cuando no pueden pasar las ambulancias atrapadas en el trancón, por la retención de vehículos que transportan alimentos, el derecho al trabajo, y otros, se ven perjudicados por esa moda caucana que vienen imponiendo en los últimos días algunos estudiantes.

Observamos entonces que la disposición constitucional colombiana del derecho de reunirse y manifestarse pacíficamente tiene límites. Esto significa que la protesta no es un derecho absoluto o total, sin límites. No. Por el contrario, es limitado, en beneficio del resto de la ciudadanía que no puede participar de la protesta por muchas razones, que también deben ser respetada. Por eso me pregunto: ¿La panamericana sirve para satisfacer cualquier petición?