La novillera que prefirió torear políticos


Queremos contarle una parte de la historia quilichagueña, encarnada en un querido personaje que, aunque en su primera juventud no se formó para la política, desempeñó toda clase de cargos públicos, como secretaria general de la Corporación Nasa kiwe, en Ministerio del Interior; secretaria de Gobierno del Cauca en varias ocasiones, secretaria de Educación y Cultura en la Gobernación del Cauca, tesorera del Departamento, concejal en dos períodos de su natal Santander de Quilichao, diputada de la Asamblea Departamental del Cauca, de la cual fue su presidente, pero sobre todo, incesante dirigente cívica. Nuby Fernández en su adolescencia, antes de su exitosa carrera política, estuvo dedicada al arte de la tauromaquia.









Es que Santander de Quilichao, por ella y otros, como Napoleón Solarte, Carlos Escobar y Harold Silva Durán, fue una “ciudad taurina”. Ya veremos.
La historia pública de los personajes locales es la misma memoria de la ciudad, es la recuperación del sentido de “comunidad», de la común-unidad. Es aportar sentido de identidad y pertenencia, y acercamiento generacional. Por eso, los niños integrantes de Proclama Junior, Miguel Andrés Alegría Luna, Juan Ángel Luna Galarza, Ana Sofía Gil Galarza y Juan Sebastián Luna Castaño, con el apoyo de las periodistas Camila Valencia Henao y Lizeth Vanessa Morillo, invitaron a Nuby Fernández a unas reminiscencias sobre su vida artística tras la fiesta brava.


Con voz trémula evocó sus tiempos de gloria, en el parque Las Acacias, frente a lo que fue la plaza de toros “La Caucanita”, precisamente llamada así en memoria a esta mujer, pues ese fue su nombre artístico. Nos mostraba orgullosa, sobre una banca del parque, viejas fotos, recortes amarillentos de periódico, volantes y toda clase de propaganda en donde aparecía como protagonista principal.









Santander de Quilichao, en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado, fue cuna y referencia nacional de la “Fiesta de los Toros”, o “Fiesta Brava”, claro, desde mucho antes de que apareciera una de las primeras mujeres toreras de Colombia, Nubia Fernández, “La Caucanita”.









Tanto es así, que hace 68 años (18 de febrero de 1955), Gabriel García Márquez, publicó en el diario El Espectador una crónica titulada Joselillo revela los secretos de su triunfo, que empieza así: “Aquel día de 1949, -día de ferias- la muy caucana población de Santander amaneció disfrazada de pueblo andaluz. Era natural. Por primera vez en la modesta pero muy intensa historia de las ferias municipales, se habían contratado dos toreros españoles, legítimos españoles de España con una larga trayectoria y muchas cornadas, según se decía y legítimos nombres españoles: Joselillo y Manolo”… “A las tres de la tarde el trompetista de la banda rural, dio el primer toque. Se abrió el toril y una enorme vaca, legítima vaca vallecaucana, salió a la plaza como una tempestad. Diez minutos después, Joselillo y Manolo, aporreados y con el traje de luces deshecho, fueron llevados en hombros de la multitud hasta la carretera de Cali. El viaje de regreso, lo hicieron a pie”. En otros párrafos, García Márquez menciona el reclamo de los toreros al alcalde municipal, por el cambio del toro y la trasnochada del día anterior en el parque Santander. Desde luego que, los dos toreros no eran españoles, sino caleños”.
“El contrato decía torearíamos toros y no vacas”, dijo Joselillo, el mayor de los toreros, al alcalde de Santander. Y explicó, en tono de gran conocedor, que los toreros legítimos no pueden lidiar vacas, “porque embisten con los ojos abiertos”. Pero lo que en realidad ocurría era otra cosa bien distinta: Joselillo y Manolo no habían visto un toro, ni una vaca, en toda su vida…”

Las coincidencias de Nuby Fernández con esa crónica son asombrosas, pues, aunque ella no había nacido aún, García Márquez menciona al alcalde que se ganó el reclamo de los toreros en 1949. Era Otoniel Holguín Ramírez, el papá de quien fuera el esposo de Nuby, que también fue alcalde de Quilichao entre los años 1978 y 1979. Henry Otoniel Holguín David es el padre de Diana María Holguín Fernández, la abogada hija de “La Caucanita”.

Nuby, picada por el gusanillo del toro desde niña y luego, con una vocación muy intensa, una gran fuerza de voluntad y una dosis suficiente de valor natural, fue la sensación en las temporadas taurinas en muchos pueblos y ciudades de Colombia, Ecuador y Venezuela, porque siempre se consideró el toreo es un arte de valientes, de “machos”, pero ella derribó el mito. Todos querían verla, llamaba la atención de la prensa especializada y la ovación de los aficionados en los palcos o tendidos siempre era cerrada.
“Es una profesión muy linda, muy difícil para uno como mujer. En la época, por el machismo, no era fácil. A pesar de que uno era atractivo para el público, era difícil porque los hombres no veían con buenos ojos que uno como mujer se metiera al ruedo”, afirmó Nuby, recordando con agrado su temporada de mujer novillera.
En Quilichao existía una afición increíble por las corridas de toro, era ya parte fundamental de la cultura, tanto así que estos eventos se realizaban cada quince días. La historia cuenta que hace muchos años, frente a la galería, por la calle tercera, existió una plaza de toros entre el caserío; con el tiempo se trasladó a la plazoleta de la Estación del Ferrocarril, hoy terminal de transportes y sede del Cuerpo de Bomberos. También estuvo en el barrio El Jardín, donde está el parque del sector. Fueron plazas de madera y guadua. Finalmente, ya en cemento, se construyó en el Coliseo de Ferias que conocemos actualmente, en la salida hacia Caloto.


Sin embargo, la crisis de los festejos taurinos, como consecuencia de los enemigos de la tauromaquia que dicen que la fiesta de los toros es un ejercicio de maldad, una barbarie que escenifica la masacre de un pacífico animal herbívoro que acaba en el desolladero, contra los que la consideran un culto amoroso y dedicado al toro de lidia, logró que en el 2014 la Administración Municipal tomara la decisión de demoler la plaza de toros de la ciudad, además, para prevenir riesgos por su deterioro progresivo. Por el abandono, año tras año las talanqueras, tendidos, barreras y burladeros se fueron destruyendo.
Al final, Nuby Fernández opina que la tauromaquia puede ser un espectáculo bonito si se realiza correctamente, por ello, considera oportuno reglamentar las condiciones aptas para continuar con esta práctica sin maltratar el animal, para conservar la fiesta brava tradicional de nuestras culturas. Ejemplo de esto es Portugal, país donde las corridas se realizan sin la muerte del toro; el show culmina cuando el toro es pinchado con una banderilla, después se regresa a los corrales para curar la herida.
Este fue el diálogo de los niños-periodistas con Nuby Fernández:
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