La maldición del oro


[email protected]
El oro, a la par que el más puro de los metales, es el mayor de los corruptores.
Sanial Dubay
La principal fuente de riqueza del país en el Siglo XVIII se basaba en la extracción de metales preciosos, hasta que la quina, el tabaco y el café superaron las exportaciones del oro y la plata.
Para mediados de mil setecientos el Cauca, Chocó y Antioquia eran las regiones donde la economía giraba en torno al oro y la plata.
El modo de producción económico se basaba, fundamentalmente, en la extracción minera, sistema que contemplaba la propiedad privada de las minas, como de las cuadrillas de esclavos que pertenecían a destacados comerciantes y terratenientes, algunos de ellos iletrados.
La historia registra que sólo la mina de la Concepción, en Almaguer, fue explotada por dos mil esclavos durante la Colonia, lo que nos revela la enorme magnitud de la empresa recolonizadora neogranadina, conformada por payaneses, chocoanos y antioqueños.
El sistema de las concesiones mineras y los títulos de propiedad hunden sus raíces en los trágicos socavones que iluminaron con su fulgor de muerte la historia del “Cauca Grande”.
No debieron ser solidarios con la independencia de nuestros pueblos los dueños de otros hombres y mujeres que, como esclavos africanos, eran simples medios de producción económica, legitimados por la ética dominante, en cabeza de la Iglesia Católica, las leyes de la Corona española y la violencia de los grandes señores.
Puede uno imaginarse el bando en que se ubicaron los dueños de las grandes minas en el momento de la independencia, tanto más cuando al fragor de la guerra el Congreso de Angostura aprobó la extinción de la esclavitud en 1821, que fuera abolida finalmente en 1851.
Los viejos propietarios, amos y herederos de la colonia, aguardaban el momento en que se consolidara la independencia y un nuevo modelo político permitiera la explotación aurífera en la modalidad de concesiones para desempolvar sus títulos y continuar explotando las minas, fortaleciendo, así, su condición de respetables señores de la minería y con ello el tránsito al poder político republicano.
Las castas dominantes criollas no contaron con que los esclavos libertos optaron, en su mayoría, después de la guerra, por la agricultura y la pesca como medio de sobrevivencia, combinando su actividad laboral con el mazamorreo del oro, renunciado, de esta manera, al naciente sistema salarial.
Sin embargo, después del colapso y desplome de la economía minera esclavista, el oro, como aún acontece hoy, seguía fascinando las ambiciones y proyectos de los empresarios regionales y extranjeros.
“Ha de pasar la pesadilla de la guerra” era el pensamiento cotidiano de los nuevos encomenderos del oro. El sueño del aluvión y las arenas quiméricas orientaron la búsqueda de “El Dorado”, ya no por los cruzados españoles, sino por los comerciantes y señores feudales del siglo XVIII. Minas de aluvión, minas de veta, mazamorreo, cuerpos y brazos comprados a precios de costos de prosperidad.
Y desde entonces las cuevas de la fatalidad y los socavones de la desgracia siguen consumiendo los cuerpos y las fantasías de los esclavos del Siglo XXI, cuevas y socavones que perteneces a los adelantados y pioneros del dólar, que cuentan con megaproyectos a gran escala, donde la planeación ha sido elaborada en inglés y traducida al español.
Y no se trata de simples especulaciones, la gran marcha campesina evidenció, como al final el Presidente Santos en la práctica aceptó, que los Tratados de Libre Comercio, concebidos por las metrópolis de la unión europea y norteamericana, tienen como principios rectores crear condiciones jurídicas para la bienandanza de los megaproyectos de carácter agroindustrial y minero, como los instalados en el suelo y subsuelo caucanos, registrados cartográficamente por el diario El Nuevo Liberal en publicación reciente .
Vuelve la agricultura a ocupar un puesto principal en la agenda de los movimientos sociales y del propio Estado, como si aún estuviéramos en la segunda década de 1820, cuando el Libertador Simón Bolívar, con visión de estadista, dio prioridad al desarrollo del campo y las ciudades al crear las Juntas de Agricultura y Comercio, de perfil económico proteccionista, para el fortalecimiento de la producción en la patria naciente.
No es excepcional que en el Cauca se ubiquen megaproyectos de gigantesca dimensión global. El neoliberalismo, en ninguna región del mundo, oculta su voracidad por las tierras fértiles, el agua, los recursos energéticos y los metales preciosos, que han colmado a los pueblos de conmovedores conflictos sociales y políticos.
Corresponde al Estado conjurar la hecatombe social, económica y política que subyace en la profundidad de los proyectos multinacionales, donde el oro, el petróleo, los diamantes, los agrocombustibles y el uranio -con altas probabilidades de existencia en la Bota Caucana) -son los mismos componentes que disuelven la paz en el mundo.



