LA MAGIA DE LA NOCHE



Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella…
Nocturno III. Frag. José Asunción Silva.
Ah, la Noche, la Noche… y podría seguir escribiendo puntos seguidos para elongar el poder de esa palabra y su realidad.
Cuando escribo noche la página se llena de un tinte gris y morado y blanco y amarillo con rojo suave. Y, en la hondura, una ciudad iluminada y larga circundada de halos bajo una capa amarillenta de espesos nubarrones. Es un símil de lo que ocurre ahora mismo en esta mañana en mi alma. Lo ratifica el epígrafe que busqué para darle un tinte más poético al texto que pensé para enviar a mis lectores.
Porque la noche es una dama que nos acompaña, nos cubre, nos besa y duerme con nosotros al terminar el día. ¿Qué hemos hecho, qué batalla diaria hemos ganado, qué éxito hemos logrado que merecemos esta compañía cuando fenece la tarde?
Ella llega apacible, con paso quedo y con la cara cubierta con un velo. Tímida entra por debajo de la puerta, por la ventana, por el techo. No bien ha entrado solemne y callada como una mujer recatada, su cara se ha puesto un velo más oscuro. No obstante su rostro luce bello, dulce, con una nariz algo gruesa, aguileña y unos ojos profundamente negros. Su boca está entreabierta y perfila una sonrisa enigmática que deja ver dos filas de dientes parejos que dibujan una actitud arrobadora.
Su veste es de fiesta permanente. Como para usar siempre de noche. Es un vestido completo que empieza a caer desde sus hombros. Va cayendo sobre su figura suavemente y deja ver apenas la cima de sus senos. La Noche sabe que su figura es símbolo de atracción, de misterio y de deseos. A medida que pasa el tiempo su vestido parece que no le hace mucha falta. Todo a su alrededor la cubre con un halo que solo puede ser vista desde cerca. La respiración la siente uno en la nuca y sus ojos son resplandecientes en la penumbra frente al feliz humano.
Ahh, la noche. No tiene otro nombre. Solo la Noche. Una música de alas, dijo su amante. Sí, tiene alas aunque no lo había notado. Trae un perfume consigo en un pliegue secreto, de un hálito de humedades que impregnan de inmediato. Llega de la región distante como sin avisar. Lo toma a uno desprevenido. Cuando se percata ya lo está mirando desde el dintel y musita un murmullo místico sobre la cara con la sonrisa a flor de labios.
Sí, a la noche solo la podemos ver entre un velamen oscuro, casi lejano. Es tan bella que verla de día ya no sería la Noche.
09-07-17 9:40 a.m.



