La literatura: Qué era y qué es – I


Foto: Todocolección
La literatura: Qué era y qué es – I

“…la obra no la escribe solo el autor,
sino toda su tradición, anterior y posterior,
junto con todo su pueblo, su sistema y hasta
su poder militar”. J. M. V.
El libro que me ocupa, y con el que nombro el artículo, es del escritor español José María Valverde (1926 -1996). Poeta, pero más recordado por su obra crítica: «Historia de la literatura universal» (1969) y «La literatura de Hispanoamérica» (1977). Este, para reseñar, fue publicado por Ed. Montesinos de Barcelona en 1989, en formato de bolsilibro, 120 pp. Su tema es la literatura, con dos tópicos de base: el lenguaje y la tradición.
La obra se abre y se clausura con juicios que se contradicen. Parece que una intención es dejar en el lector la responsabilidad de inferir cuál será la suerte futura de un fenómeno tan trascendente como la literatura, en todas sus formas. En efecto, todos estaríamos a salvo si en nuestras vidas las obras literarias fueran un refugio: «La verdadera vida, la vida al fin descubierta e iluminada, la única vida por consiguiente realmente vivida, es la literatura». Pero ese refugio está ‘amenazado’ por los cantos de sirena que salen de los clarines de estos tiempos, saturados de virtualidades. El autor da valor de profecía a un verso del poeta alemán Friedrich Hölderlin (1770 -1843): “¿Para qué poetas en tiempo menesteroso?”.
Para ese nihilista poeta hay otra pregunta, que bien puede esbozar su respuesta: ¿Para qué sirve la literatura? Y Valverde nos recuerda los albores, cuando remotas comunidades (la humanidad) contaban y cantaban sus circunstancias y vivencias cotidianas: sus amores, sus guerras, sus mitos…, como iluminación de la vida, “disfrutada y sufrida más hondamente al decirla de un modo «memorable»”. Memorable. Cuando ya no quede nadie, estará la poesía (literatura) como prueba determinante de la existencia humana. Y ahí también el lenguaje, cual caja de pandora de inmemoriales «tradiciones».
Toda la literatura es tradición. Y lo que hoy existe es gracias a unas formas previas; una herencia que incita a producir otras, con sus analogías y diferencias. Con un ‘origen’, en el caso de Occidente (de donde procedemos), que se remonta a Homero, ocho siglos a. C. No obstante, cuando se ha leído la Ilíada, se comprende que este poeta es el continuador de una saga (tradición) que le aportó “una abundancia de fórmulas heredadas y leyes narrativas épicas…” Al tiempo que él, cual espiral, creaba nuevas convenciones para sus sucesores.
Demos un salto temporal para observar lo que sucede en España, y luego en Hispanoamérica. Nos encontramos con una literatura que conoce básicamente el verso en la Edad Media, y pareciera ignorar los cantos épicos griegos. La Biblia, hacia el siglo IV d. C., es la tradición más influyente: en los mesteres de juglaría, portadores de una literatura oral para comunidades en su mayoría analfabetas; y los mesteres de clerecía, o escrita, en los monasterios. Habrá que esperar hasta el muy tímido renacimiento hispánico (aún con acento medieval), ya con alguna creación en prosa; y no tanto en España, sino en Hispanoamérica, en donde “tendrá su digno final en las selvas de las crónicas de Indias…” En cuanto al «Quijote», como tradición, hay que decir que fue mejor asimilado en Inglaterra (Fielding, Dickens) y Francia (Flaubert, Daudet), que en Hispanoamérica.
Vale destacar el curso que sigue la tradición literaria en Hispanoamérica, que ha dejado atrás a España, aislada de Europa, para mirar hacia el realismo francés del siglo XIX en la figura de Honorato de Balzac, en narrativa, y el simbolismo de la poesía, en Paul Verlaine… En las décadas del cincuenta y sesenta del siglo XX, ya se sabe que los soles que irradian la tradición por estos lares son William Faulkner en narrativa, y Walt Whitman en poesía.
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