La lírica no sólo son versos también son toques de balón
http://www.infobae.com/contenidos/454580-101275-0-Nace-un-%C3%ADdolo-el-Racing-CarusoPor Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
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Caruso Lombardi, enfundado en su pull over negro y su bufanda a cuadros, lucía ayer entre airoso y ceñudo ante las cámaras. Era el nerviosismo de un director de orquesta antes de la función. Era la emoción del triunfo presentido. La frente sin arrugas, los dientes semicerrados y una mirada clara hacia el horizonte. El libreto estaba ensayado. Los actores con su camiseta azul con listas blancas y el corazón en ascuas. Racing de Avellaneda tenía los guayos puestos y tenía lista la canción.
Empezó el concierto como si fuera el final. La cancha se llenó de confetti blanco y la nieve se arrinconó en los costados para dar paso a la sinfonía anunciada: Racing-Boca Juniors. Riquelme, Bataglia, Cáceres, Gaitán, Abbondancieri, tenían sus trombones, sus trompetas y sus tubas. Y Racing, tenía en sus pies liras y violines. Vientos contra cuerdas, esa es la cuestión. Fuerza y choque contra toque y diversión.
La cantata tuvo dos movimientos largos y distintos. En el primer tiempo los intérpretes afinaron los oídos, y los golpes de sonidos retumbaban en la cancha. En platea y los balcones el público aplaudía. Cada acorde auguraba una perfecta sinfonía. El segundo movimiento cambió de moderato a andante con molto moto. De scherzo a molto allegro. Las cuerdas superaron a los vientos. La poesía lírica del libreto de Caruso superó a la épica del repertorio histórico de Ischia y los de Boca. Falló el trombón de Bataglia y salió de escena. Y llegó el do de pecho de Castroman. Y las notas de la lira elevaron su garganta para cantar el primer gooool.
El locutor de Fox Sport no creía lo que veía. No era un simple partido. El estadio y sus estrados se convirtieron en un coro griego que hacía eco a los muchachos en el campo. Coreaban un olé semejante al que se oye cuando el torero no es inferior al toro. Racing estaba lidiando al ejemplar más bravo de los encierros que lucía diezmado y con la lengua afuera, aunque no quería perder la vida. Y el balón como que disfrutaba entre los botines de los “toqueteadores” del elenco de la “Academia”.
Zucculini puso una puntilla y la cantata sonó más fuerte. Después de este segundo tercio, los vientos entraron en sordina y dejaron sus espacios a las cuerdas. Las gargantas estaban ávidas de más goles y el balón quiso dar un gusto más fuerte al paladar de los invitados en tribuna.
Ramírez cedió desde su corona un pase por los aires, lo recogió Grazzini con su botín prestado por un mago, puso el balón en tierra, quebró la cintura del defensa y batió al mejor arquero por el palo que le duele. El juego estaba liquidado, la faena estaba coronada con este gol de antología. No era una final. Apenas era un clásico que definía la continuidad de Racing en primera y diría si en el torneo Boca lo obstruía.
Cómo se sentirán los hinchas, qué bien se sienten Caruso y sus muchachos, qué bien se hablará de este fútbol argentino que estando un equipo al borde la muerte se levanta de las cenizas venciendo al “intocable”.
15-06-09 11:41 a.m.



