LA JUVENTUD ENTRE PARÉNTESIS


Hace un par de semanas tuve la oportunidad de presentar mi novela “El cadáver de una balada, entre paréntesis”, en la Feria Internacional del libro de Bogotá. El escritor Óscar Perdomo Gamboa se tomó la delicadeza de escribir la reseña que aquí comparto. (Por cierto, creo que se equivocó de novela).
“La juventud siempre se vive en presente. Los viejos hablan del pasado y los niños fantasean con lo que serán, pero el presente sólo se hace carne en el joven que sabe que tiene el mundo a sus pies y que nada a su alrededor importa. O al menos es lo que todos hemos sentido alguna vez, en nuestra fugaz adolescencia, cuando aún gozábamos de la irresponsabilidad y la inmadurez era garantía de diversión. Y siempre queremos perpetuar ese momento de nuestras vidas mientras, inevitablemente, vemos que pasan los años, los kilos y las arrugas. Por eso, la literatura que captura ese breve instante de alegre y dolorosa confusión siempre está viva, siempre se renueva en cada generación, perpetuando el presente de una muchachada que debe sublimar sus días hasta el terrible momento en que empiece a pensar en el pasado.
“El cadáver de una balada, entre paréntesis” es uno de esos libros que, como una instantánea de la vida adolescente, nos regalan al mismo tiempo la sonrisa de lo que fuimos y la nostalgia de lo que pudimos ser. Es una novela joven en todos los sentidos de la palabra. El más evidente, la juventud de su autor, Jaír Villano, que sorprende con una ópera prima cuando la mayoría de sus coetáneos están lidiando con exámenes parciales y permisos maternos. Villano se inscribe temprano en el mundo editorial y, tras la lectura de su prosa, se puede anticipar una victoria.
De otro lado, la novela es joven porque es protagonizada por jóvenes, por la muchachada caleña de fines de los noventa y principios del nuevo siglo; esa generación de transición entre el papel y la internet, entre los muñecos y los videojuegos, entre Disney y el animé. Los protagonistas caminan barrios de la Sultana del Valle y dejan sus huellas en las grietas como el trazo de un esferográfico en el papel. Así lo hace Jaír Villano cuando entre diálogos y argumentos arroja pistas para que el lector recuerde, como mirando una foto vieja, la época narrada: Hi5, Dragon Ball, Los Caballeros del Zodiaco y un largo sendero que lleva al lector a su propia juventud y a una época muy particular de la ciudad. Y, por supuesto, los protagonistas se comportan como lo que son: jóvenes. El sinsentido de la vida, la rebeldía sin causa, los primeros amores, el sexo desenfrenado, la necesidad de enfrentarse al mundo, todo se manifiesta en los conflictos de los personajes del libro que, a diferencia de otros textos de juventudes, no son estereotipados ni caricaturizados, sino muy bien definidos y desarrollados.
Y una tercera manera de la juventud en la novela es la vitalidad de la prosa. Mientras la mayoría de las obras escritas por o para jóvenes sostienen un frágil hilo narrativo con el léxico más sencillo y corriente posible, Villano no duda en usar una pluralidad de voces que exige una mirada más aguda del lector. Lejos de diálogos callejeros llenos de vulgaridades y chabacanerías, el autor se nutre de no pocos maestros a quienes rinde homenaje y menciona en sus capítulos. Es protagonista, Juan Castillo, apodado Lennon por su grupo de amigos, es un lector voraz que no duda en para-citar a Borges, Baudelaire, Vargas Llosa y un cúmulo de escritores que reflejan las lecturas de Villano. Del otro lado de la balanza están las vidas de los líderes de pandillas, Lámpara y Anticristo, que lo mismo exhiben insultos que cuchillos, pero no con la recurrente “sicaresca” de las últimas décadas, sino con la precisión de quien observa una ciudad y los habitantes que la dibujan.
De esta manera, Jaír Villano recrea un paisaje urbano que todos reconocerán en la lectura, pero que a lo mejor se ha desdibujado con los años: aquel Cali de los barrios del sur, de los niños buenos que querían hacerse los malos, de los muchachos asustados que salían a la calle a bravear a otros iguales de inexpertos. Pero, desde luego, esas historias juveniles sólo son una manera de narrar la contradicción que afronta toda buena obra literaria. La juventud y, en general, el espíritu humano se debate entre el pecado y la libertad, quiere la tranquilidad del hogar pero añora la aventura de la calle. Y eso también lo vivirá el lector, sus propias equivocaciones y divertimentos de su adolescencia, un espejo con la juventud particular que todos guardamos en nuestro pecho. Esto permite a la novela varios momentos significativos, más allá de la fábula de muchachos, el retrato de Cali o, por supuesto, la interpretación personal.
Cada generación tiene sus libros icónicos, aquellos que reflejan lo que fueron como un testimonio vital y se convierten en lecturas de culto. Por allí pasaron “Que Viva la Música” y “Opio en las Nubes”, entre otros títulos más o menos afortunados. No es difícil suponer que la novela de Jaír Villano se inscriba en esa tradición. Tiene todos los elementos para hacerlo: Es un texto bien pensado y escrito, cuidadoso en la prosa y arriesgado en la experimentación; refleja con meditada profundidad y profusión de detalles una Cali muy particular, con coordenadas espaciales y sensoriales; lleva al lector a un viaje particular por una juventud que es la suya propia, la de todos los que alguna vez quisimos ser los líderes de una pandilla, que en esa época es lo mismo que gobernar el mundo. Villano no sólo ha escrito una novela para sí mismo y su generación, sino para la literatura que siempre se lee en presente”.
OSCAR PERDOMO GAMBOA




