LA INVASIÓN ESPAÑOLA

Cada vez que llega un 12 de octubre de cualquier año, al instante, por arte de magia histórica y por una inveterada costumbre casi inconsciente, nos preparamos para recordar un evento histórico sintetizado en cuatro palabras archiconocidas: “el descubrimiento de América”, por el genovés Cristóbal Colón, una “celebración” que siempre nos inculcaron nuestros queridos y admirados maestros de antes, con toda la pasión y sapiencia del caso (agradeciéndoles con el alma su entrega y paciencia, infinitas), siguiendo al pie de la letra los lineamientos curriculares de lo alto, sin mirar a ningún lado, sin pestañear siquiera, sin desviarse un milímetro del camino, porque así lo decían los textos oficiales de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla (autores del famoso Compendio de la Historia de Colombia, adoptado como texto oficial para la enseñanza de dicha asignatura en las escuelas primarias, a partir del 26 de octubre de 1910).
Antes de seguir adelante, para los fines de esta columna de opinión, es bueno, justo y necesario, no demeritar la enorme proeza del navegante genovés para surcar el desconocido Océano Atlántico y con su fe y persistencia, encontrar en tres meses el Nuevo Continente, que después se denominó América, en honor al navegante y cartógrafo italiano Américo Vespucio, quien fue el primero que delineó el mapa del continente encontrado por Colón. Además, no debemos olvidar que nuestra amada patria, Colombia, lleva ese nombre, como recuerdo del apellido del gran navegante.
Ahora sí, vamos al grano. Las anteriores consideraciones, las podemos inscribir en la parte oficial de la mencionada fecha histórica, es decir lo que ya sabemos, lo que así nos inculcaron de buena fe. Pero lo que siguió después, la otra historia, no está como debiera explicarse, de acuerdo con la triste realidad americana. Así por ejemplo, nos insinuaron que los conquistadores españoles eran como héroes, porque vinieron a América a fundar ciudades y pueblos, es verdad, así lo hicieron, pero la verdad, monda y lironda fue otra. Tras esas fundaciones, hubo un verdadero saqueo de todas las riquezas auríferas (ahora la llamamos minería ilegal), junto al exterminio de los grupos indígenas (ahora las llamamos masacres), la imposición de la religión, del idioma, de otras costumbres, es decir, una verdadera invasión de los españoles. Ahora que me acuerdo, en mi escuela de primaria, nos hacían dibujar y pintar las imágenes de los conquistadores, sabiendo que en realidad estábamos dibujando a los invasores.
Lo que en verdad sucedió entonces, analizando la historia con lupa crítica y verdadera, fue la desaparición completa de todas las verdaderas culturas indígenas, que en el Nuevo Continente existían, desde antes de la llegada de Colón, las cuales brillaban con luz propia, eran muy adelantadas, muy desarrolladas, tenían como se dice hoy en día “muchos saberes”, y se destacaban con sus propios conocimientos, desde los Aztecas y los Mayas en México y Guatemala, pasando por los Chibchas en Colombia y los Incas del Perú, los cuales nos han dejado testimonios materiales de su plenitud y progreso.
Ahora que ya se cumplieron 522 años de aquella famosa invasión de los españoles a nuestro continente, vale la pena hacer una enseñanza crítica de lo que verdaderamente pasó en nuestra historia americana, y lo que todavía sigue pasando con otras invasiones que hoy nos siguen acosando por doquier como si fuéramos un continente “con las venas abiertas” (según el famoso libro crítico de Eduardo Galeano).
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