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Domingo, 4 de octubre de 2026

La interioridad de Rubén Darío

La interioridad de Rubén Darío

Imagen por: https://chatgpt.com/

SILVIO AVENDAÑO

Quien se acerca a Rubén Darío en busca de una concepción edificante de la existencia, llegará a sentirse decepcionado.  El Poema de otoño, evoca un personaje atormentado./Yo sé que hay quienes dicen, ¿por qué no canta ahora/con aquella locura armoniosa de antaño?/Esos no ven la obra profunda de la hora,/la labor del minuto y el prodigio del año./Yo, pobre árbol produje, el amor de la brisa,/pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa/¡Dejad al huracán mover mi corazón!/En mundo colorido se desdibuja y, en su lugar queda la interioridad en el dolor y la agonía. /Allá lejos./Buey que vi en mi niñez echando vaho un día/bajo el nicaragüense sol de encendidos oros,/en la hacienda fecunda, plena de armonía/del trópico;/ paloma de los bosques sonoros/del viento, de las hachas, de pájaros y toros/salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía./Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada/que llamaba al ordeño de la vaca lechera,/cuando era mi existencia toda blanca y rosada;/y tu paloma arrulladora y montañera,/significabas en mi primavera pasada,/todo lo que hay en la divina primavera./

 

El recuerdo va hacia otro estado de ánimo.  Sólo que ese recuerdo es visto desde el interior destrozado y la melancolía recuerda el sol de la infancia.  Después de ser el fauno… la existencia desdibuja la imagen de la infancia, como mundo pleno:/ “Cuando era la existencia toda blanca y rosada/” En ese interior del era, el corazón abreva para invocar el aliento de la existencia, que no posee el esplendor maravilloso en el presente. Sin embargo, el ser sentimental, sensible y sensitivo lleva a la insatisfacción consigo mismo. /Hermano tú que tienes la luz, dime la mía. /Soy como un ciego.  Voy sin rumbo y ando a tientas. /Voy bajo tempestades y tormentas/ciego de ensueño y loco de armonía. /Ese es mi mal.  Soñar.  La poesía /que llevo en el alma.  Las espinas sangrientas /dejan caer gotas de mi melancolía. / Y así voy ciego y loco, por este mundo amargo, / a veces me parece que el camino es muy largo/y a veces que es muy corto. / y a veces que es muy corto. /Y en este titubeo de aliento y agonía/ cargo lleno de penas lo que apenas soporto/¿No oyes las gotas de mi melancolía?/

 

Estar perdido y el dolor es nostalgia de armonía. Y así este sendero constituye el mal: “el raudo destino” que lleva a la perdición y la fuerza que tiende a un mundo distinto. / “Ese es mi mal: Soñar” / La contradicción. El acontecer, en el interior, lleva a la amargura, a hundirse. Sin embargo, hay salida.  Esta se halla en el arte: “La poesía es el camino férreo de mil puntas cruentas/que llevo sobre el alma” El camino de la trascendencia. En lugar de la oposición entre temporalidad y eternidad, entre finito e infinito se extiende el horror de sentirse pasajero.  Horror de ir a tiendas…  Aquello que enmarcaba el ideal se diluye.  Se está perdido.  Espanto ante la finitud:/En medio del camino de la vida…/dijo Dante.  Su verso se convierte:/En medio del camino de la muerte.

 

A diferencia de la secularización en el campo de la filosofía, en la conciencia de Rubén Darío, la secularización se expresa en poesía.  Sólo que éste darse cuenta de la perspectiva en la cual transcurre la existencia conduce a la soledad. Ante el espanto que siente huye, se hunde en la interioridad y en las noches de insomnio, cuando el silencio se apodera de la ciudad, se escucha el sonido de las puertas, el paso de un coche lejano. Entonces viene lo que hubiera podido ser la vida y lo que no fue, “la pérdida del reino que era para mí”, el sueño que ha sido la vida. Cuando en el recuerdo surgen los que han muerto, escribe. En los versos en los que expresa su situación

/Dichoso el árbol que es apenas sensitivo/y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,/pues no hay  dolor más grande que el de ser vivo,/ni mayor pesadumbre que la vida consciente./Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,/y el temor de haber sido y un futuro terror…/Y el espanto seguro de estar mañana muerto,/y sufrir por la vida por la sombra y por/lo que no sabemos y apenas sospechamos,/y la carne que tienta con sus frescos racimos/y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos/¡ y no saber a dónde vamos/ni de dónde venimos!


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