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Lunes, 12 de octubre de 2026
sábado 6 septiembre, 2014 a las 2:51 pm

La indolencia del Estado ante la imaginación creadora

BOLIVAR
Por JORGE MUÑOZ FERNANDEZ jorgemuñozefe@hotmail.com
MATEO MALAHORA  [email protected]

Hace un año el periodista Ferney Meneses publicó una crónica en Agenda Propia sobre un caucano excepcional denominada: “Simón Bolívar Barco, el caucano “libertador” de la inventiva”.

En el texto el lector percibía la capacidad creadora de los colombianos y su tenacidad en la lucha por realizar sus sueños sin el apoyo del Estado, cuando éstos, como en “el libertador de la inventiva”, rompían el marco de lo prosaico y demostraban que su inteligencia podía colocarse al servicio de la comunidad para impulsar el desarrollo endógeno del país.

La crónica, testimonio de excelente perspicacia periodística, es una invitación a continuar profundizando en la investigación sobre nuestros valores colombianos, sometidos a la indolencia de una burocracia perniciosa y malsana, que sólo justiprecia como agentes del desarrollo a quienes pertenecen al círculo de los favoritos o tienen apreciable valor de uso electoral.

Simón Bolívar Barco Erazo acudió a los mandatarios nacionales, departamentales y municipales, lo mismo que ante las entidades ambientales y técnicas en procura de obtener apoyo para sus iniciativas, hallazgos innovadores e invenciones tecnológicas, sin encontrar el respaldo que debió otorgársele como pionero de la invención regional.

BOLIVAR

Los burócratas quizá consideraron que el inventor caucano era apenas otro sabio catalán escapado de la pluma de García Márquez que andaba perdido por los laberintos del Cauca y de Colombia divulgando sus disparatadas empresas.

Cierto día al preguntarle sobre si sus innovaciones como la guitarra ecológica y el sistema de energía alternativa para las comunidades pobres tendrían mercado asegurado me expresó con la naturalidad de consumado autodidacta:

“Conozco el mercado, he aprendido mucho leyendo y lo he analizado en mis viajes por todo el país, me conozco a mí mismo, sé de mis pocos recursos, de mis capacidades, como de mi fortaleza sicológica para afrontar los retos y con disciplina y entrega lograré la victoria, sólo necesito apoyo institucional”.

El espíritu de la frase, que hoy recojo, nos remite al lenguaje propio de los ejecutivos e inversores, de quienes tienen información sobre la economía competitiva, que saben cómo adaptarse a la lucha por la sobrevivencia, ejecutar una estrategia y diseñar un plan.

Si no fuese porque conocíamos a Bolívar Barco, parecería que en sus conversaciones sobre la falta de apoyo estatal estuviésemos frente a un profesional experto en administración pública y politología, pues dejaba en claro la diferencia que existe entre la actividad gubernamental técnico administrativa y la gestión puramente política.

Bolívar soñaba con asesoramiento técnico articulado con instituciones de investigación y desarrollo, con financiamiento y subvenciones para que los tecnólogos dispusieran de recursos para desarrollar de sus proyectos, tal como se hace en el área de la medicina y de la biología, buscando, incluso, la transferencia avanzada de tecnología para un escalamiento industrial.

Nos cuenta Ferney Meneses: “A Simón Bolívar empezó a preocuparle el hecho de que las cuerdas de las guitarras de los músicos que cantaban donde trabajaba, se rompían fácilmente,… Así, pues, un día cogió una guaya de freno de bicicleta y de ahí obtuvo los alambres de acero. “Pero después el problema fue asegurar la cabecita (extremo de la cuerda) hasta que se me dañó el ojal de un zapato y preciso ahí salió la idea para con el ojalete por donde pasan los cordones asegurar la cuerda luego de apretarlo con un alicate”.

“Pero entonces era necesario un envolvente de la cuerda, por lo que empezó a comprar cable eléctrico por metros, elemento que al quitarle la cubierta de plástico le permitía extraer cientos de pequeños filamentos de cobre que los usaba para cubrir las cuerdas “a mera mano”.

“Recuerda de que luego de probar las cuerdas en los instrumentos, éstas “gustaron”, entonces la demanda empezó a crecer por lo que era urgente tecnificar lo que venía haciendo. Fue así como nació la “máquina entorchadora”, con la que pudo elaborar muchas cuerdas, de forma más eficiente”.

“El primer motor que utilicé fue el que salió luego de desbaratar una licuadora, mi licuadora, la que tenía; la desbaraté y así inició la fábrica de las cuerdas, fui avanzando hasta que al cabo de seis meses me acredité en Bogotá”.

“Y en medio de los espacios de ocio nació otra de sus ideas; le dio por imprimir en screen la “baraja española” consolidándose como el primer fabricante en Colombia”.

“Dice que solo le bastó con ver en la televisión un vídeo de una tragedia en China en la que varios vehículos de tres ruedas transportaban personas y escombros… la demora fue encontrar algunas barras de hierro, un motor de un viejo Volkswagen Escarabajo modelo 56, y cuanto material encontraba en chatarrerías, para echar a andar su proyecto”.

Temprano fallecimiento. Extraordinario amigo. Imaginación creadora. Para el Capitán Fernando, Laura, Jhonny, Ricardo, Felipe y Simón Barco y su familia, fraterno abrazo.

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