Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 24 octubre, 2017 a las 4:28 pm

LA ILUSIÓN EN EL TEATRO EN CALI

Teatro
LA ILUSIÓN EN EL TEATRO EN CALI
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA ILUSIÓN EN EL TEATRO EN CALI

El escenario con sus andrajos, ya vacío, se despide en La Máscara
El escenario con sus andrajos, ya vacío, se despide en La Máscara

A Nelsy Dufay, teatrera

Hay que ir en coturnos a una sala de teatro. Porque la gente quiere llegar primero a las sillas mejores. Habrá que luchar para ver por encima de las cabezas para no perderse el espectáculo. Porque anoche la gente llenó La Máscara en el antiguo barrio de San Antonio.

La Casa del Silencio de Bogotá con la dirección del maestro caleño Juan Carlos Agudelo ofrecía anoche la premiada pieza teatral Manú o la ilusión del tiempo. Había expectativa por la calidad de teatro físico que ofrece el laureado autor.

La escenificación, el vestuario, el montaje, la ambientación de esta obra no son aspectos tradicionales. No es el teatro clásico al que está uno acostumbrado. El vestuario, el tema, el lenguaje verbal y gestual, el arte al desnudo, sin más ropa que los diálogos, la tragedia y la fuerza de la palabra junto a audacia de la trama.

Aquí, anoche, la función tenía otra escenificación, otro lenguaje y el diálogo era con las luces, los sonidos, los artefactos, los gestos… sin la divina palabra inventada por los humanos. Era un deus ex machina que iba apareciendo entre luces, sorpresas, sombras y disparos.

El soldado, el guerrero, el luchador, el hombre apareció como un golpe en la espalda. Caído en el suelo, como un ente, aturdido, cargado con su vida y sus objetos más cercanos. Se palpaba y no se encontraba a si mismo. Buscaba en sus bolsillos como si lo que buscara lo encontraría adherido a lo que llevaba encima. Sacaba cosas como de la nada, como queriendo rescatarlas de un más allá en donde alguna vez las tuvo.

Sí. El soldado, que eso parecía el hombre, oía el fragor de la guerra, voces que lo llamaban, pequeños fantasmas que iban saliendo y saltando frente a su cara. Vivía momentos de alegría creyendo que encontraba lo que buscaba porque siempre lo había acompañado y le era familiar. Pero luego se encontraba vacío de nuevo, alejado de su pasada realidad. Solo palpaba su vestido, su pecho, sus sonidos, sus zapatos pesados que lo asentaban a una realidad mínima.

Y la escena se repetía, como los recuerdos y la impotencia de no tener ahora lo que una vez tuvo sobre su cuerpo y alrededor de él. Los fantasmas lo seguían como una pesadilla. En algún momento su corazón, ingenuo, parecía encontrar un objeto conocido que lo acercaba al mundo a donde había pertenecido. Pero, de nuevo, volvía a su realidad solitaria y extraña adherida a sus recuerdos, a su ilusión. No, no estaba loco, era él y se volvía a palpar por todas partes hasta caer a tierra, único ser que lo sostenía.

El espectador estaba buscando como Manu en sus bolsillos la explicación a lo que ofrecía el libreto de Juan Carlos. Yo me palpaba el cerebro, revolvía mis neuronas, mi sentido de orientación, trataba de exprimir mi entendimiento y hallar una lógica que me permitiera hilar lo que veía. Era una ilusión, un entretenimiento cruel, símbolo de la realidad a veces.

24-10-17                                              7:20 a.m.

Articulos relacionados

miércoles 30 septiembre, 2026 a las 5:10 pm

Sotará prepara comunidades para enfrentar incendios forestales

miércoles 30 septiembre, 2026 a las 4:57 pm

La paz no se puede decretar