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Domingo, 4 de octubre de 2026

La hora menguada

SOS - Venezuela

SOS - Venezuela

Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

Los medios de comunicación registran a medias la situación actual de Venezuela. Digo a medias porque una crisis como la que actualmente ahorca ese país, es un punto indescriptible donde la supervivencia de la especie se impone sobre mesianismos y discursos de ocasión. Los seres humanos somos entes pensantes cuando el aullido elemental encuentra respuesta. De lo contrario, el aguijón del hambre, la sed o el frío, se llevan por delante eso que llamamos razonamiento o sentido común.

Hace quince años Venezuela cometió el peor error político en que puede incurrir un pueblo perteneciente a la modernidad: eligió a un militar como presidente de la República. Es decir, convirtió un hombre uniformado de cuerpo y alma en administrador del espíritu cívico del país. Lo sacó de su arsenal de fusiles y botas para ubicarlo en salones asépticos, sustituyendo su trasfondo de hombre de armas en un escenario hecho para el reconocimiento del derecho civil.

Hugo Rafael Chávez Frías, nacido en Sabaneta el 28 de julio de 1954 y fallecido en ¿Caracas? el 5 de marzo de 2013, perito en la maquinación de golpes contra la constitución y la ley, inescrupuloso y patológicamente ansioso de poder, no era el hombre adecuado para reemplazar al decadente régimen adeco-copeyano que durante la sustitución de la dictadura perezjimenista, cometió errores y tuvo aciertos. El hombre acuartelado se mueve en un perímetro de inmediateces y obediencias ciegas. Solo el estadista con visión de futuro y formación intelectual suficiente para responder lúcidamente a la responsabilidad adquirida como primer funcionario al servicio del pueblo, está capacitado para manejar su destino.

Hoy Venezuela no da más. De nada sirven las ingentes reservas de petróleo. El socialismo del siglo XXI, el “patria, socialismo o muerte”, que con los intrusos estandartes cubanos, tremola en cuarteles, plazas y arengas presidenciales. Las misiones con nombres pintorescos o históricos, las promesas, las amenazas, el lenguaje de orilla, la compra de voluntades y conciencias. El pueblo venezolano rueda vertiginosamente hacia un abismo impredecible. Es mucho lo despilfarrado, lo saqueado, lo destruido, el retroceso, la degradación.

El cambio que pretendieron realizar Chávez y sus conmilitones, es complejo y visceral. Para efectuarlo sin consecuencias lamentables, es menester un largo proceso de concientización y un hombre con visión de patria y conocimientos actualizados. No el desertor de elementales principios éticos que con avidez y desvergüenza arrasa con lo bueno y lo malo del paseo con la única finalidad de meterse en los esmirriados bolsillos el ingreso de un país millonario.

Fuera de sus fronteras, nadie conoce la magnitud de la tragedia que padecen los venezolanos. Para eso es imprescindible vivirla sin intentar racionalizarla.