La guerra por los espacios púbicos
Cuando al gamín le dijeron que no se orinara la calle, porque la calle era de todos, se subió la bragueta, se le iluminó la mollera, y con voz de payaso empezó a rematar un pedazo de Parque Caldas, porque como el parque era de todos, “él, por motivo de viaje”, vendía lo que le correspondía, por lo que le dieran.
Después de reírnos le explicamos que si bien el parque y las calles son espacios públicos, y pertenece a todos los ciudadanos, no son de nadie en exclusiva, menos de los vendedores ambulantes que para sí los reclaman. Pero tampoco de los dueños de locales que piden despejes, ni de los transeúntes que reclaman su derecho a caminar por aceras seguras, espaciosas y tranquilas. Ni de la policía que las cuida, ni del gobierno municipal que las interviene. Es de todos, para todos, pero de nadie…
El fenómeno de los vendedores ambulantes en los espacios públicos, es un asunto a tratar en todas las ciudades colombianas y crece en forma proporcional a la pobreza de sus gentes. Entonces, la pregunta no es cuántos vendedores ambulantes hay, sino cuántos pobres de más, tenemos ahora. Y es preferible tener en las calles a mil vendedores que a mil ladrones, porque la gente no se va a dejar morir de hambre, y cuando se cierran las puertas laborales, pues se corre el peligro de que se dediquen a robar.
Jugando con las palabras (público -y- púbico), este tema es un asunto sensible, delicado, peludo, visceral, de convulsiones y fluidos cíclicos, de provocaciones, de tránsito promiscuo, calificado de zona embarazosa, que aflora por días, divertido para unos, peligroso para otros, que es visto con ansiedad, que huele raro, que amenaza con destaparse y tumbar al “más parado” de los negocios, en fin, un asunto de rebusque del pan.
Y por eso, después de escuchar a varias personas sobre al asunto, replico sugerencias que me parecen soluciones responsables:
1.- No hay que darle la espalda a los vendedores, y la policía con bolillo y decomisos no es la solución.
3.- Que vendan por días, horas y zonas asignadas únicamente.
4.- Que entiendan que no todas las calles, ni todos los andenes deben ocuparse.
5.- Que deben responder por la seguridad de la calle para los transeúntes y cada vendedor debe ser un policía cívico.
6.- Que se comprometan con el aseo público durante y después de las jornadas.
7.- Que se ubiquen de tal manera que permitan entrar y salir de los almacenes a la calle sin mayores obstrucciones.
8.- Que se comprometan a vender productos buenos, de calidad y no fomenten la venta de artículos robados.
9.- Que paguen un mínimo de impuestos o arrendamiento al municipio.
10.- Que firmen compromisos de permisos provisionales para sus ventas.
11.- Que se entienda que los permisos para vender no constituirán un derecho adquirido.
12.- Que las ventas de comidas se hagan con esmero de salubridad (guantes, tapabocas, gorros, vitrinas, certificados de salud, etc.)
13.- Que se sectoricen las ventas: cuadras de comida, otras de frutas, otras de ropa, otras de juguetes.
14.- Que se asuman las ventas ambulantes como empleos transitorios.
15.- Que desde la administración municipal se les brinde apoyo legal, psicológico, laboral y comercial para que los pobres no sigan siendo pobres y tengan que vivir en las calles de “ambulantes” y en zonas “púbicas”
16.- Que se racionalice el servicio de mayoristas que los proveen de artículos, al igual que el de prestamistas de dinero, para evitar el abuso hacia los pobres rebuscadores.




